1 de agosto de 2012
Dulce Venganza
27 de junio de 2012
Reflexión del día
27 de mayo de 2012
Eso te Pasa
19 de mayo de 2012
B contraataca
16 de mayo de 2012
El hombre ideal
- Me quiere tal cual soy: testaruda, obstinada y con carácter (pero también con un gran corazón).
- Jamás me falta el respeto o levanta la voz, ni siquiera en el medio de una discusión en la cual me niego a entender razones.
- No miente. Bajo ninguna circunstancia. Acepta que es humano y que, como tal, se equivoca, pero admite sus errores y se responsabiliza por ellos.
- Lee mucho, piensa mucho y habla lo necesario. Le gustan el cine, el teatro, la música y, por sobre todas las cosas, las buenas conversaciones.
- No soporta la desigualdad ni la injusticia. Siempre tiene una palabra amable para compartir.
- Preferiría inmolarse antes de llamarme “amorcis”, “bebota”, “bichito”, “gordi”, “dulce” y demás vocativos desagradables. Cualquier sobrenombre que utilice no excede los primeros 4 caracteres de mi nombre completo.
- No realiza ningún tipo de comentario despectivo respecto al estado de mis rulos o mis ojeras a primera hora de la mañana y no me critica cuando me visto como un varoncito ni tampoco cuando uso tacos de 12 cm. No se queja de mis pijamas infantiles y encuentra sexy el hecho de que mi ropa interior sea predominantemente de algodón.
- Le gusta cocinar y lo hace muy bien. Disfruta de cocinar conmigo (incluso si la comida se pasa, se quema o demás posibilidades) y no tiene miedo de probar cosas nuevas. Es habilidoso para realizar diversas tareas domesticas y considera que el mantenimiento de la casa es una tarea de ambos.
- Nunca pasa más tiempo que yo frente al espejo. Tampoco me apura si me paso 3 horas arreglándome para salir.
- Piensa que, en el amor, valen más los pequeños accionares cotidianos que los grandes sacrificios.
13 de mayo de 2012
De fantasías y realidades
4 de mayo de 2012
Conversando con los ex
24 de abril de 2012
Reflexión del día
18 de abril de 2012
La anorexia está de moda
En una de mis últimas webeadas (léase, hueveo en la web), encontré una entrevista a Adriana Lima, modelo de Victoria’s Secret, en la cual promocionaba la nueva línea de ropa interior “I Love my Body” (“amo mi cuerpo”) y contaba cómo se prepara para el famosísimo desfile anual de dicha marca de lingerie. Decir que se me cayó la mandíbula hasta el piso sería poca cosa. El Ángel de Victoria consulta un nutricionista que calcula su índice de masa muscular, niveles de grasa, y porcentajes de retención de líquidos. De acuerdo a los resultados, se le arma un plan alimentario a medida, a base de batidos protéicos, suplementos vitamínicos y unos 4 litros de agua diarios. Diez días antes del desfile, deja de consumir “comida sólida”; dos días antes, toma agua “normalmente” y las 12 horas previas al show no ingiere líquido alguno. Es decir, en el día de hoy comí más alimentos sólidos que Adriana Lima en la última… ¿¡¿semana y media?!?
Lo más preocupante en realidad no es si los Ángeles de Victoria se matan de hambre – en definitiva son modelos y les pagan para mostrarse perfectas. Lo terrible es que millones y millones de personas consumen esa imagen y la convierten en un ideal. No es sólo una Adriana Lima la que se muere de hambre – son todas y cada una de las mujeres, adolescentes y chicas que la admiran y que van a renunciar a una alimentación sana (o, directamente, van a renunciar a cualquier tipo de alimentación) para conseguir una panza más chata, una cola más firme o unas piernas más torneadas.
Honestamente, cuando terminé de leer el artículo mi estado de ánimo era totalmente ambivalente. Por un lado estaba furiosa y asqueada de que alguien ayude a promover la erradísima idea que dejar de comer o engañar al estómago con cantidades industriales de agua es un tip ideal para bajar de peso. Por otra parte, me sentía tan culpable por mi necesidad de alimentarme (y de comer comida “de verdad”) que, durante medio segundo, sentí el impulso de correr al baño a vomitar todo lo que había ingerido en el último mes. Estimada Victoria, donde quiera que estés, tu campaña “I love my body” me hizo sentir muchas cosas, pero definitivamente nada parecido a “amo mi cuerpo”. Creí que a menos que sea Adriana Lima, Alessandra Ambrosio, Rosie Huntington, o Miranda Kerr, mi figura no es digna de ser amada por nadie – especialmente no por mí. Y estoy segura de que no fui la única; debe haber más de una mujer “con cuerpo real” indignada por una campaña como esta. Basta de sentirnos avergonzadas y humilladas por nuestras redondeces y “zonas mulliditas” – aceptarse no es un crimen y el talle 00 NO es sinónimo de perfección.
La anorexia está de moda, y nosotros lo estamos avalando.
13 de abril de 2012
¡Tachame la doble!
9 de abril de 2012
Día de aquellos
¿¡¿¡QUE?!?!?
Juraba que mi turno era el mismo día y en el mismo horario pero de la semana próxima. ¿Qué le está pasando a mi infalible memoria? ¿Se me están viniendo encima los años? (evito contestarme cualquiera de las dos preguntas, no sea que tenga que agregar otro ítem a mi ya de por sí extensa lista de complejos y autorreproches).
Mientras espero en la parada del colectivo (previo paso por el kiosco para comprarme el litro y medio de agua que tengo que tomar para el estudio) voy repasando mentalmente las cosas que necesito y si tengo todo: orden para la ecografía (sí), credencial y documento (sí), agua (en eso estamos), depilación (¡SI! ¡Dios te tenga en la gloria, depilación definitiva!), ropa interior decente (mátenme – tengo puesta una tanga rosa con una Hello Kitty).
A pesar de que llego 15 minutos antes de mi horario, tengo que esperar más de 40 minutos para que me hagan pasar; aparentemente se quedaron sin sistema y se les superpusieron los turnos (sí, eso que se lo expliquen a mi vejiga que hace más de una hora retiene lo que parecen un millón y medio de litros de agua).
Por supuesto que el médico que me atiende está buenísimo (y yo que no dejo de pensar que justo HOY me puse la ropa interior más infantil que tengo) y por supuesto que me da vergüenza decirle que si me sigue presionando tan fuerte la panza voy a explotar (¿por qué los médicos lindos son tan brutos? ¿Es algún tipo de ley?), así que cierro los ojos y suplico a alguna entidad sobrenatural que me ayude a aguantar 5 minutos más.
- ¿Necesitas algo más aparte del volumen ovárico? – me pregunta.
Resisto la tentación de contestarle un “sí, tu número de teléfono y que me invites a salir” – entre mis ganas de hacer pis y mi Hello Kitty, claramente, ni da.
2 de abril de 2012
Cosas que te pasan si sos eMJay (edición urbana)
Un rato después, la noche nos encuentra a ambas en la zona de Congreso, frente a un cartel de luminosas letras blancas que deletrean la palabra “Burlesque”. La puerta es negra y angosta, y da lugar a un pasillo igualmente angosto y oscuro.
Cuál fue nuestra sorpresa cuando, una vez adentro del bar, caemos en la cuenta de que los artistas a cargo del show son todos travestis y Drag Queens (medio pelo, por supuesto), y que los clientes (tanto hombres como mujeres) son, en su gran mayoría, gays.
En síntesis: Me fui del bar con unos cuantos datos útiles para caminar sobre tacos/plataformas altísimas sin perder el equilibrio, lugares en donde puedo conseguir uñas y pestañas postizas fuera de serie, lo último en tratamientos para el pelo y extensiones… Todo, todo, menos chongo.
30 de marzo de 2012
Cuestión (mono)Cromática
Hoy comparto una “perla” sacada de la serie Grey’s Anatomy (Anatomía de Grey). Lexie acaba de teñirse el pelo de rubio. Su ex (el Dr. Sloan) la ve de espaldas, no la reconoce, y se le acerca para invitarla a salir. Al percatarse de su error, esta es la frase con la cual se excusa:
“¡No podes teñirte el pelo de ese color! Las rubias son sexies, y divertidas… Vos… Vos… ¡SOS MOROCHA!” (“You can’t pull that color! Blondes are slutty, and fun… You’re… You’re brunette!”)
Chicos, ¿Quién los convenció de que las rubias se divertían más? ¿Desde cuando nuestras capacidades y aptitudes “festivas” están genéticamente predeterminadas en un color de pelo?
29 de marzo de 2012
“Chape Paracaidista”
Fui a una fiesta (increíble, por cierto) y durante la noche había estado cruzando un par de palabras con un chico súper simpático – todo el tiempo hacía chistes o me comentaba algo que me hacía reír. En ningún momento sentí que la interacción fuera en plan levante; me lo tomé simplemente como una conversación entretenida y “buena onda” entre dos extraños que se conocen en una fiesta, se caen bien mutuamente, y cuyos amigos ya tienen elevadísimos niveles de alcohol en sangre.
En una de mis tantas idas y venidas a la pista de baile (se sabe que no puedo quedarme demasiado tiempo quieta en el mismo lugar), ¡ZAS! El chico me agarró suavemente del brazo, me acercó la cara y me plantó un beso. Reitero – jamás me sentí ‘abordada’. Pensé que se me acercaba porque quería decirme algo y la música estaba muy fuerte… Cualquiera (mis amigas dirían que esto de no ver las cosas es mi especialidad, pero eso será tema de algún otro post).
Como se imaginarán, me fui de la fiesta de súper buen humor. Qué bien conocer a alguien simpático, interesante y decidido (convengamos que la jugarreta del beso fue una apuesta muy arriesgada que podría haber tenido consecuencias nefastas). Y como siempre se deja lo mejor para el final, acá va la frutillita del postre: encima de todo, cero creído y buen besador. Aplausos para el chico, por favor.
23 de marzo de 2012
Cuestión de Karma
Hace meses (casi años) que un amigo de mi hermano me invita a salir de manera tan insistente que ya me hace sentir en extremo incómoda. Le dije ‘no’ de todas las formas posibles y en todos los idiomas que conozco y el pibe cada vez que puede vuelve a su reclamo de “no-me-das-bola-cuando-nos-vemos”. Una cosa de locos.
La cuestión es que como todavía no entiende que mi negativa es rotunda, final, definitiva, y que nunca jamás de los jamases va a convertirse en un sí, decidí directamente dejar de intentar. Me resulta de lo más chocante ignorar a alguien pero, ¿qué otra opción me quedaba? (Flaco, de verdad, ¿no tenés un mínimo resquicio de dignidad u orgullo que te digan que fue suficiente y que si no accedí hasta ahora deberías dejar de intentar?)
Durante un mes seguido llovieron mensajes de texto, alertas de BlackBerry Messenger e inboxes de Facebook que ni me gasté en abrir, y estoy esperando ansiosa al momento en el que deje de recibirlos definitivamente (ese día juro que hago una fiesta).
Todo venía divinamente bien, me sentía sorprendentemente cómoda y no-culpable en mi ignorancia del otro, hasta que la situación se me dió vuelta: ya van dos semanas seguidas que voy a trabajar y que me encuentro todos los días (y más de una vez al día) con B (http://historiaspoliticamenteincorrectas.blogspot.com.ar/2011/09/hay-que-confiar-en-la-intuicion.html) y que el muy maldito apenas si me saluda (y eso porque yo soy la que da el primer paso y le sonrío cada vez que lo veo, capaz que si no le doy los buenos días ni siquiera llegamos a ese intento muy fallido de comunicación).
Es decir, en menos de un mes pase de la categoría “te ignoro” a la categoría “te ignoran”. Karma, te estoy odiando en este momento. Mucho.
19 de marzo de 2012
Historia de un Vestido
Entre las varias entradas y salidas de diversos locales, encuentro un sueño colgando en un perchero: un vestido strapless negro, largo apenas por arriba de la rodilla, de una tela semi-raso (suavecita y con un brillo súper sobrio). La perfección misma. Y por el 50% de su valor original.
Lo miré, lo acaricié, le dí vueltas para un lado y para el otro intentando encontrar una falla, un defecto, ALGO que frenara mi impulso de compralo-ahora-ya-urgentemente. Nada. Valía todos y cada uno de los $300 que costaba (si, una desgracia para mi cuenta bancaria).
Busqué a mi amiga con la vista, levanté la percha, y esperé el veredicto: “No sé qué estás esperando para probártelo”. Sí, definitivamente. Yo tampoco sabía qué estaba esperando -estaba claro que había sido amor a primera vista- pero me sentía mejor si alguien más respaldaba mi elección. “Me lo compro y me lo pongo para la fiesta de M”, dije mientras caminaba hacia el probador.
Oh no.
Oh no.
OH NO.
La fiesta de M.
La única noche donde lo puedo ver a él, a M, sin poner excusas de ningún tipo y soy feliz nada más que porque estoy en su lista de invitados. El único evento para el que me preparo con días de anticipación, para el cual me pruebo literalmente toda mi ropa un mínimo de 30 veces en busca del vestuario perfecto, el que me tiene en vela toda la noche anterior pensando qué hago con mis rulos descontrolados y cuál es la proporción ideal de color/intensidad/cantidad de maquillaje, y todo para arrepentirme media hora antes de salir de casa porque siento que nunca estoy lo suficientemente linda, y, si me vestí un poco mas sexy de lo normal, me siento lisa y llanamente ridícula.
Esa fiesta a la cual me muero por ir, en donde M no va a dedicarme más de media mirada (van a ser todas para su nueva novia), en la cual yo voy a estar toda la noche con el monstruo de los celos carcomiéndome las entrañas y poniendo mi mejor sonrisa como si nada me estuviera pasando. Esa noche en la cual absolutamente todos se embriagan y se descontrolan y se divierten y la única noche al año en donde quiero ahogar todas mis penas en alcohol y agarrarme la borrachera de mi vida e, irónicamente, estoy más sobria y controlada que nunca, no sea cosa que me meta en problemas.
Esa MALDITA fiesta.
Paré en seco, me giré, y con un largo suspiro dejé la percha de vuelta en su lugar. No quería ese vestido para mí, lo quería para impresionarlo a él y (qué ingenua soy) para recordarle que entre nosotros dos todavía hay cuentas pendientes (léase, que yo todavía me muero de amor cada vez que lo veo). Felicitaciones, eMJay, bienvenida al mundo real: No tiene ningún sentido seguir ilusionándose y producirse tanto para alguien que no va a valorarlo.
Adiós, hermoso strapless de tela de ensueño. Cuando aprenda a hacer las cosas por mí, juro que te vuelvo a buscar.
* Window Shopping: Pasatiempo mayormente femenino que consiste en devorar vidrieras y percheros de ropa a través de la vista y formular reiteradas quejas acerca de la mercadería (ya sea por sus elevados precios o por los talles y colores no disponibles). Pueden llegar a observarse también ataques de furia y/o pánico en ciertos sujetos tras experimentarse cierto tipo de angustia existencial al notarse un cúmulo de calorías extras depositado en las denominadas “zonas problemáticas”. Dichos ataques son controlados mediante bebidas o brebajes calóricos, tales como el helado o el café. Irónicamente, todos los componentes que conforman la actividad ‘window shopping’ generan endorfinas positivas y, consecuentemente, producen saciedad, felicidad y placer en los sujetos observados.
14 de marzo de 2012
Reflexión del día

La anorexia NO es sexy. ¿En qué momento nos dejamos convencer de lo contrario?
23 de febrero de 2012
Siempre se puede estar peor
Los ves venir de lejos, con sus musculosas propagandísticas de colores estridentes, sus anteojitos de sol bien calzados (obvio, para disimular la fisura que arrastran de la noche anterior), esa sonrisa de me-creo-mil-es-lo-mas-vivir-de-la-joda, haciendo ese malabarismo estratégico que sólo ellos dominan, pasando tarjetas, biromes y celulares de una mano a la otra y de vuelta a la mano original, sin dejar caer nunca nada.
Se acercan con paso lento pero confiado - tanta mujer suelta convierten a la playa en, literalmente, un ‘campo minado’. Están tan cerca tuyo que ya podés escuchar el siempre exagerado discurso de cómo ese boliche es mejor que cualquier otro. Se acercan un poco más, y empieza el ritual del reconocimiento: miran primero el largo de tus piernas y el tamaño de tu bikini (cuanto más diminuto el triangulito, más miran), miden cual cirujano plástico la curvatura de cada una de tus lolas, y pasan, finalmente al contacto visual: sostienen la mirada, siguen sosteniendo la mirada, sonríen, siguen sosteniendo la mirada, abren la boca y … ¿Y pasan de largo?
¡Hola, niño tarjetero! ¿A mi no me das entradas? ¿Qué acaso no estoy en edad de ir a bailar? ¿Estoy buena como para que me dejes tus ojos de regalo en mi escote pero no taaaan buena como para ir a tu boliche? ¿Cuántos años te pensás que tengo, eh? ¿Ya pase a ser muy-vieja-para-divertirme? ¿Eh? ¿¡EEEHHHHH?!
¡¡¡¡¡SOCORRO!!!!! ¡¡¡¡¡Que alguien me rescate!!!!! ¡¡¡¡¡Me hice adulta y no tengo idea de cuándo ni cómo!!!!!
14 de febrero de 2012
San Valentín
La ciudad se viste de flores, de colores, de corazones y pancartas que declaran amor a los cuatro vientos. Todo divino, por supuesto, si estas en pareja y recibís alguna de todas estas atenciones. Ahora, ¿qué hacés de tu vida si sos soltera en un día como hoy?
Seguramente en tu lista ya entraron opciones como:
a) Suicidarte con un atracón de varios kilos de helado.
b) Deshidratarte lacrimógenamente tras escuchar el nuevo disco de Adele.
c) Dejar de respirar por sobredosis de escenas de besos y amor-perfecto-para-toda-la-vida de las películas de Hollywood.
d) Todas las anteriores.
Como si el día a día de una soltera no fuese lo suficientemente duro, teníamos que agregar San Valentín a nuestro calendario de fechas patrias. Te bancas que en cada reunión de conocidos te pregunten “en que estas” y que te contesten con el clásico “ya te va a llegar…” cuando decís que estas sola; sos la única sin pareja en las mesas de casamiento de tus amigos (que ya se están casando y están teniendo hijos); tus compañeros de trabajo piensan que estas para remate e insisten en arreglarte salidas con un impresentable atrás de otro; y, si sos como yo, también tenés dos abuelas que te reclaman de forma casi diaria que quieren tener un bisnieto (como si vos no le estuvieses poniendo voluntad al ‘detallecito’ del novio…). Es totalmente innecesario tener otro día que te recuerde a vos, mujer soltera, lo soltera que estás, ¿no?.
Ahora, yo me pregunto, si hay un día de los Enamorados, ¿por qué no puede haber un día de los Solteros? Es precisamente por este motivo, y porque me cansé de que el mundo y mi conciencia me hagan sentir culpable por mi estado civil actual, que planeo juntarme con amigas a festejar mi soltería. Sisi, así como leen. Hoy a la noche cuando levantemos ‘las copas de amor’, vamos a brindar por todos aquellos imbéciles que nos conocieron y que se lo perdieron, y por los afortunados que nos conocerán en algún futuro. Aunque este día se empeñe en hacernos sentir unas perdedoras, SOMOS fabulosas.
7 de febrero de 2012
Sprite tiene algo que decirte…
Acabo de volver de un cumpleaños en la casa de un amigo. La mayoría de los invitados eran hombres, y hubo uno con el que me puse a hablar enseguida. Después de un rato de charla, me ofreció un Fernet con Coca-Cola, a lo cual respondí con mi habitual “sólo Coca, gracias, vine con el auto y prefiero no tomar”. Mientras el chico se preparaba su trago, me suelta -con un tono bastante desagradable- un “entonces eras vos la que se bajó del auto negro que está estacionado en la puerta”. Lo miré extrañada (de verdad no entendía de dónde había salido la pregunta, no tenía nada que ver con el tema que veníamos tratando antes) y respondí, bastante cohibida, que efectivamente yo era la chica en cuestión.
Para qué. En medio segundo me había acribillado a preguntas: de qué año es el auto, qué motor tiene, qué nafta carga, cuántos litros, cómo es el rendimiento, cuál es el perfil de las llantas, etc, etc, etc. Imagínense la situación: yo estaba literalmente arrinconada contra una pared respondiendo un cuestionario interminable, cada pregunta más técnica y complicada que la anterior, y él cada vez más y más enojado porque yo sabía las respuestas (¡gracias papá y hermanito por haberme hecho tan fanática de los fierros!).
Cuando creí que el interrogatorio se había acabado, el chico suelta, de forma completamente irónica y desubicada, un “¿En qué laburas que podés comprarte semejante autito?”. ¿Qué onda, flaco? ¿Sos de la AFIP? ¿Me vas a hacer firmar una declaración jurada de bienes y ganancias? Tomé un trago de Coca, sonreí, y dije: “No te lo puedo decir, es un secreto de Estado. Dame un segundo que paso al baño…”. De más está decir que nunca más volví.
Lo que yo todavía no puedo entender es en qué momento una charla de pseudo-levante se convirtió en una batalla feroz por demostrar que la mujer (lease, yo) es el sexo débil. Estoy acostumbrada a que los hombres peleen entre sí a ver quién es el macho Alfa, ¿pero competir contra una mujer? ¿No se les estará yendo de las manos? ¿Tan mal están algunos que prefieren arruinarse el levante antes que remojar su ego en Fernet y tragárselo?
Lo peor de todo es que yo en ningún momento le pregunté a él qué auto tenía, ni comparé, ni critiqué. Es más, ¡ni siquiera sé si tiene auto! (no me atreví a contrarrestar sus preguntas con otro interrogante). Todo ese enojo y ese teatro de macho-con-orgullo-herido fueron productos únicos y exclusivos de su cabeza. Ridículo.
¡Cuánta razón tenía Freud respecto a los hombres y su obsesión con los tamaños!
27 de enero de 2012
Quiero pero no puedo
Ahora, yo me pregunto por qué no piensan en sus novias y en sus amigos y en sus historias y en todos esos “demases” ANTES de abrir la boca y prometer el mundo que, obviamente, jamás van a dar. Eso es lo peor de todo, que no te prometen llevarte a cenar y una noche juntos y hasta ahí llegamos. Nonono. Te mienten descaradamente y te agrandan el combo por 50 centavos: te juran amor eterno y tratarte como a una reina, como si vos fueses una boluda total y no supieras que el enamoramiento les va a durar lo mismo que la calentura, y que el desayuno en la cama se reemplaza por un “¿te llamo un taxi?” cuando la acción se acabó.
Chicos, las expectativas de una mujer no siempre son desmedidas desde el minuto uno… Muchas veces se inflan por las cosas que ustedes dicen. Si no se van a hacer cargo, entonces NO agiten.
23 de enero de 2012
Cosas que te pasan si sos eMJay (edición playera)
Hace unas semanas decidí hacerme una escapada de 4 días a la costa y, como no puede ser de otra manera, junté unas cuántas anécdotas para compartir… De esas historias y cosas que me pasan sólo a mí, y que se potencian durante el verano:
- Que el promedio de edad de los hombres que se acercan a chamuyarme supere un nuevo mínimo: 20 años (muy a mi pesar, en ese promedio se incluye algún ocasional ebrio de 17 años… Sigo así y antes de mi próximo cumpleaños me van a avanzar niños en edad preescolar).
- Acceder a dejarle mi PIN de Blackberry a un tarjetero (juro que fue MUY insistente) y que mande un “¿Cómo vaaaa? No te veo hace días por acaaaaa” una semana después de que volví a Capital.
- Ver un chico lindo en la entrada del boliche, buscarlo toda la noche, y encontrarlo en el momento exacto en el que está apretando salvajemente con la mina más linda de todo el lugar.
- Mientras estoy buscando al chico lindo del punto anterior, llega un mensaje de texto del último pibe con el que estuve – y que desapareció sin dejar rastro hace más de 2 meses – preguntando si quiero "hacer alguna”.
- Encontrar un bombonazo en la playa, que me hable, que me pida mi número de teléfono, arreglar para vernos a la noche, que al mediodía siguiente llame para disculparse por no haber salido la noche anterior y para encontrarnos “ahora ya” en la playa, y que yo ya esté en la ruta volviendo a Capital (y para rematar, que el chico en cuestión viva y trabaje en San Bernardo).
Claramente, esta soy yo, y estas son las cosas que me pasan…
18 de enero de 2012
17 de enero de 2012
Y yo encima con un Blackberry…
Una amiga y su hermano organizaron una fiesta en su casa; había más de 100 personas y el 75% de los invitados no superaba los 22 años de edad. Me sentía la madre de todos, un horror. Los amigos del hermano hablaban en un idioma que no podía descifrar (en parte por el vocabulario desconocido, y en mayor medida por la cantidad de alcohol que habían ingerido y que ya no les dejaba pronunciar nada de forma clara). Los amigos de mi amiga le daban a los brownies de marihuana y a la gelatina de vodka que era de no creer. Literalmente, no tenía NADA que hacer en ese lugar, con NADIE. Pero mi amiga me había invitado y no podía decirle que no…
Para resumir la cuestión, hice lo que nunca: me convertí en una Blackberry adicta. Me pasé la mitad de la noche revisando el celular de manera frenética esperando encontrar alguna señal salvadora, algún plan alternativo, alguna excusa que me permitiera irme del lugar con un poco de dignidad (por estúpido que suene, llegar a mi casa un sábado a las 3 am me parecía de lo más triste). Por primera vez en la vida me sentí igualita a Bridget Jones cuando llega a la casa y revisa los mensajes en el contestador telefónico y lo que recibe por respuesta es un “no tienes absolutamente ningún mensaje, ni uno solo, ni siquiera de tu madre”. Nada. Ningún llamado, ninguna invitación de último momento en Facebook, ningún alerta de “estoy en una fiesta buenísima, vénganse todos” en WhatsApp, ni siquiera el clásico mensaje de texto desesperado de “¿en que andas?” de las 3.30 am. Nada de nada DE NADA.
Para eso tengo un Blackberry repleto de aplicaciones: para sentirme (como dice Drew Barrymore en la película ‘Simplemente no te quiere’) rechazada por 7 tecnologías distintas.
16 de enero de 2012
Feliz Navidad, Y
Así llegó otra Navidad y un saludo fue la excusa perfecta para volver a marcar el número de tu celular. Increíble, hace años que no te llamo y no tuve ni la más mínima duda de cuales eran las teclas que tenía que apretar y en qué orden. Al principio pensé que, para ser fiel a la tradición, iba a tener que llamarte unas diez veces antes de que me atendieras. De hecho, hasta me debatí a mi misma cuál era un número decente de llamadas para hacer (con una parece que me quiero sacar el asunto de encima, dos que no intente lo suficiente, con ocho soy una arrastrada y con diez directamente soy un caso agudo de neurosis).
Esta vez, sin embargo, la respuesta no se hizo esperar. Cada uno de mis intentos se vió recompensado con un inmediato “el número con el que usted desea comunicarse no puede atenderlo en este momento…”. Después, la nada. La ausencia total de sonido y mis pensamientos que vuelan como dagas de un hemisferio al otro de mi cerebro: ¿Cambiaste de número? ¿Estás ocupado? ¿O será que finalmente armaste tus valijas y te fuiste de este país?
Y así, con un silencio ensordecedor, se cae el último puente que podía conectarme a vos. Se ve que hasta el destino se cansó de las idas y vueltas y decidió cortar con lo que yo nunca pude.
Hasta que nos volvamos a encontrar, Nene…

