1 de agosto de 2012

Dulce Venganza

Existen infinitas maneras de clasificar a las personas, y entre todas esas a mi me gusta diferenciar a los violentos de los pacifistas.
Siempre me consideré miembro del último grupo: intento resolver los problemas de todos, evito los conflictos y las confrontaciones que me parecen innecesarias… Mil veces me asombré con el recuento de alguna ruptura amorosa en la cual los novios se separaron en los peores términos y se cansaron de hacerse las peores jugarretas el uno al otro, y mi reacción era siempre la misma: ¿Para qué invertir tanta energía en algo tan negativo?
Bueno, finalmente encontré la respuesta a mi pregunta: porque las pequeñas e inofensivas venganzas se disfrutan. Si si, ya sé que está mal que lo vaya pregonando por ahí, pero por algo este blog se llama “Políticamente Incorrecta”, ¿no?.
Salí con unas amigas a tomar algo, y cuando estoy estacionando veo que está el auto de M parado en la puerta del bar al cual queríamos ir (¿se acuerdan de M? http://historiaspoliticamenteincorrectas.blogspot.com.ar/2012/03/historia-de-un-vestido.html). Por supuesto que no había lugar a dudas – NO íbamos a entrar a ese bar – así que arranqué el auto y nos pusimos en marcha nuevamente.
Habíamos avanzado menos de dos cuadras cuando di la vuelta y volví exactamente al mismo punto de donde nos habíamos ido. Puse las balizas, me bajé del auto y dibujé con mi rouge rojo un corazón gigante sobre el parabrisas recién-lavado-inmaculado del auto de M. ¿El toque de gracia? Una de mis amigas escribió su nombre completo en una letra cursiva excesivamente llamativa, grande y femenina. No me pregunten qué fue lo que nos agarró porque no sabría explicarlo. Sólo sé que cuando nos subimos nuevamente al auto estábamos felices y nos reíamos como quinceañeras.
Vos sabes que si está con la novia esto va a traer problemas”, me susurró una de las chicas. “Nunca lo sabremos”, contesté “porque no hay forma alguna de que sepa que fuimos nosotras”.
En ningún momento de la noche me arrepentí de lo que hice, ni me remordió la conciencia. Es más, lo único que lamenté fue no haber estado ahí para verle la cara cuando se subió al auto y se encontró con nuestra obra de arte plasmada en sus narices. Debe haber sido un momento Kodak.
Muchas veces escuché que las chicas buenas van al cielo y que las malas van a todos lados… No se si eso será cierto, pero créanme cuando les digo que las chicas malas se divierten el doble…  
  

27 de junio de 2012

Reflexión del día

Que un gay comente en un programa de radio que NO esta de novio "porque todos los hombres son iguales"... Es grave, ¿no? (#quequedaparanosotras)

27 de mayo de 2012

Eso te Pasa

No hay peor frase en la historia de la vida que un “eso te pasa…”, sobre todo cuando uno se lo dice a sí mismo tras una metida de pata épica. Exactamente una de esas me mandé, y todo por ser puro impulso y “dejarme llevar” (OTRA VEZ).
Por primera vez en la vida decidí probar como es esto del ‘touch and go’. Sí, leyeron bien: estuve con alguien que no es mi pareja, a quien conozco (pero no tanto), y la pasé como el orto.
Lo curioso es que al principio venía todo impecable; el chico se portó de lo más dulce, muy considerado y cuidadoso. Es más, hasta logró que no me sintiera como la ballena Willy en el momento en el que me saqué la ropa. Tan cómoda estaba que, una vez finalizado “el momento”, por primera vez en mucho tiempo me relajé y no sentí esa imperiosa necesidad de vestirme y escaparme en menos de 10 segundos.
Obviamente, como suele ocurrirme a mí, la felicidad duró muy poco y me llevé una crudísima dosis de realidad en cuanto el chico en cuestión volvió del baño. Me lanzó una mirada bastante cortante y, por si me quedaba alguna duda, disparó un “¿no te vestiste todavía?”. ¡Pum! A quemarropa. Me quedé helada medio segundo (pibe, hace dos minutos eras un amor, ¿qué onda? ¿volvió tu gemelo malvado del baño?) y, en cuanto reaccioné, me vestí a la velocidad de la luz (totalmente cohibida y sintiéndome el ser más repugnante de la historia, por cierto).
Aparte de que mentalmente le dediqué una lista de insultos bien completita de la A a la Z a sus inexistentes caballerosidad y tacto, no creerían cuánto me torturé a mí misma por haberme puesto en esa situación. T-E-R-R-I-B-L-E
Inevitable conclusión de la noche: Eso te pasa por trola, eMJay.        

19 de mayo de 2012

B contraataca


Hace aproximadamente una semana tuve uno de esos momentos de “no-lo-pensé-simplemente-me-dejé-llevar” (¿Qué me está pasando? Cerebro, ¿estás ahí?) y, para no perder la costumbre, por supuesto  terminé haciendo algo de lo que me arrepentí: Le dí mi número de teléfono a B.
Como dije antes, no sé en qué pensaba. Estábamos hablando, me puso cara de pobrecito y ahí estaba yo anotando mi celular en una hoja de papel. Lo peor de todo fue la facilidad con la que se lo dí. Venía pidiéndomelo hace días y yo venía escapándome cual Houdini, sin decirle ni una palabra. Malísimo. Malísimo que me haya enredado en una conversación, que me haya dicho unas cuantas cosas lindas, que me haya sostenido su mirada de perrito mojado unos segundos y que yo haya accedido a su pedido. Es sorprendente lo débiles que podemos ser las mujeres cuando nos dicen las palabras que queremos escuchar – siempre caemos en la tentación de creerlas. ¡Así de fáciles somos! (Bueno, OK, así de fácil SOY).
Por supuesto que a pesar de reprocharme mi falta de moralidad y códigos por haberle dado mi número a un pibe que está de novio, secretamente esperé que mi celular sonara en algún momento del fin de semana (encima de fácil, bipolar, ¡qué bien lo tuyo, eMJay!). Nunca sucedió.
Qué idiota. Digo, ¿qué pretendía? Era obvio que no me iba a llamar. Su juego es el histeriqueo constante, hacer la del gato y el ratón. Mi número de teléfono en ese papel fue la clara señal de su victoria; no tiene necesidad de seguir persiguiéndome. Ya ganó. Ya sabe que el “no” se transformó en un “sí” (está clarísimo que si me invita a tomar algo, a estas alturas, no voy a caerle con un “no, estás de novio, mejor no salgamos”). ¡Qué imbécil fui!
Y bueno, ahora a escarmentar. Cuando me lo cruce de nuevo en el trabajo, a poner mi mejor cara, mi más amplia sonrisa y a hacer de cuenta que aquí no ha pasado nada. O mejor dicho, a hacer de cuenta que acá pasó absolutamente de todo (chongos, fiestas, alcohol, descontrol, y demases) menos mi triste realidad de fin de semana pendiente de su maldito llamado.

16 de mayo de 2012

El hombre ideal


Inspirado en fragmentos de conversaciones de extensos sábados “facultativos”, les presento a continuación mi decálogo de “mandamientos” para el hombre ideal.


Mi imaginario hombre ideal…
  1. Me quiere tal cual soy: testaruda, obstinada y con carácter (pero también con un gran corazón). 
  2. Jamás me falta el respeto o levanta la voz, ni siquiera en el medio de una discusión en la cual me niego a entender razones.
  3. No miente. Bajo ninguna circunstancia. Acepta que es humano y que, como tal, se equivoca, pero admite sus errores y se responsabiliza por ellos. 
  4. Lee mucho, piensa mucho y habla lo necesario. Le gustan el cine, el teatro, la música y, por sobre todas las cosas, las buenas conversaciones.
  5. No soporta la desigualdad ni la injusticia. Siempre tiene una palabra amable para compartir.
  6. Preferiría inmolarse antes de llamarme “amorcis”, “bebota”, “bichito”, “gordi”, “dulce” y demás vocativos desagradables. Cualquier sobrenombre que utilice no excede los primeros 4 caracteres de mi nombre completo.
  7. No realiza ningún tipo de comentario despectivo respecto al estado de mis rulos o mis ojeras a primera hora de la mañana y no me critica cuando me visto como un varoncito ni tampoco cuando uso tacos de 12 cm. No se queja de mis pijamas infantiles y encuentra sexy el hecho de que mi ropa interior sea predominantemente de algodón.
  8. Le gusta cocinar y lo hace muy bien. Disfruta de cocinar conmigo (incluso si la comida se pasa, se quema o demás posibilidades) y no tiene miedo de probar cosas nuevas. Es habilidoso para realizar diversas tareas domesticas y considera que el mantenimiento de la casa es una tarea de ambos.
  9. Nunca pasa más tiempo que yo frente al espejo. Tampoco me apura si me paso 3 horas arreglándome para salir.
  10. Piensa que, en el amor, valen más los pequeños accionares cotidianos que los grandes sacrificios.




13 de mayo de 2012

De fantasías y realidades


Andy Warhol decía que “el amor de fantasía” supera ampliamente al amor “de realidad”, ya que las atracciones más interesantes son entre dos opuestos que nunca se encuentran.
Hace años que conozco a un chico con el que tengo muy buena relación. Hablamos una vez cada tanto y, aunque no nos veamos muy seguido, ambos sabemos que nos queremos mucho y cada vez que nos reencontramos es como si el tiempo no hubiera pasado.
Las últimas veces que salimos dio la casualidad que los dos estábamos solteros (cosa que nunca antes había pasado, siempre uno de los dos estaba en pareja) y sentí que había una cierta “vibra” en el aire. Muy fiel a mi estilo (como cada vez que no sé cómo reaccionar) hice de cuenta que no pasaba nada y actué lo más natural y normal posible, y dejé esa sensación extraña en el cajón del olvido. O eso creí.
Ya van un par de días que, a pesar de que le pongo mucho empeño, no puedo evitar pensar en la situación y en las ganas que me dieron de que me plante un buen beso estilo Hollywood (perdón por la cursilería) en el transcurso de la noche.
¿Será que siempre hubo onda y que ninguno de los dos nunca dijo nada? ¿O será que la soledad (y la abstinencia) están aniquilando de forma acelerada mis neuronas y ya me imagino cosas? ¿Pondré a prueba la teoría de Andy o armaré mentalmente la mejor noche de mi vida sin poner en riesgo mi amistad?


“Fantasy love is much better than reality love. Never doing it is very exciting. The most exciting attractions are between two opposites that never meet” - Andy Warhol 

4 de mayo de 2012

Conversando con los ex


Nada como un encuentro fortuito con “EL” ex para empezar el fin de semana…


Ella: - ¡No puedo creer que haya pasado tanto tiempo! ¿En qué andas?

El: - Cambié de trabajo. Sigo con el diseño de páginas web, pero estoy en una empresa que vende joyas así que estoy entrando en el negocio. Hacemos piezas exclusivas y a pedido, mayormente anillos de compromiso.

Ella: - Ah, que bien. ¿Y te gusta lo que haces?

El: - Sí, me encanta. Es muy divertido. Así que ya sabes, cuando te cases, yo te hago los anillos.

Ella: - Jajajaja. ¿A mí? No. No soy de las que se casan.

El: - En su momento te agradaba la idea de casarte.  

Ella: - Eso fue hace tiempo y fue un caso aislado. Yo era chica, y vos eras todo. Después crecí, te conocí en serio, y me curaste de la idea de casarme y, sobre todo, me curaste de vos.



Lo que se dice honestidad brutal.



24 de abril de 2012

Reflexión del día

La probabilidad de que un suceso ocurra es inversamente proporcional a su deseabilidad

18 de abril de 2012

La anorexia está de moda

Hace un par de días subí una imagen que llamaba la atención acerca de los ideales actuales del cuerpo femenino (http://historiaspoliticamenteincorrectas.blogspot.com.ar/2012/03/reflexion-del-dia.html).  ¿Cómo fue que en menos de 50 años pasamos de considerar a la curvilínea Marilyn Monroe como el indiscutido sex symbol de una década, a idolatrar cuerpos que no son más que pura piel y huesos?
En una de mis últimas webeadas (léase, hueveo en la web), encontré una entrevista a Adriana Lima, modelo de Victoria’s Secret, en la cual promocionaba la nueva línea de ropa interior “I Love my Body” (“amo mi cuerpo”) y contaba cómo se prepara para el famosísimo desfile anual de dicha marca de lingerie. Decir que se me cayó la mandíbula hasta el piso sería poca cosa. El Ángel de Victoria consulta un nutricionista que calcula su índice de masa muscular, niveles de grasa, y porcentajes de retención de líquidos. De acuerdo a los resultados, se le arma un plan alimentario a medida, a base de batidos protéicos, suplementos vitamínicos y unos 4 litros de agua diarios. Diez días antes del desfile, deja de consumir “comida sólida”; dos días antes, toma agua “normalmente” y las 12 horas previas al show no ingiere líquido alguno. Es decir, en el día de hoy comí más alimentos sólidos que Adriana Lima en la última… ¿¡¿semana y media?!? 
Lo más preocupante en realidad no es si los Ángeles de Victoria se matan de hambre – en definitiva son modelos y les pagan para mostrarse perfectas. Lo terrible es que millones y millones de personas consumen esa imagen y la convierten en un ideal. No es sólo una Adriana Lima la que se muere de hambre – son todas y cada una de las mujeres, adolescentes y chicas que la admiran y que van a renunciar a una alimentación sana (o, directamente, van a renunciar a cualquier tipo de alimentación) para conseguir una panza más chata, una cola más firme o unas piernas más torneadas.
Honestamente, cuando terminé de leer el artículo mi estado de ánimo era totalmente ambivalente. Por un lado estaba furiosa y asqueada de que alguien ayude a promover la erradísima idea que dejar de comer o engañar al estómago con cantidades industriales de agua es un tip ideal para bajar de peso. Por otra parte, me sentía tan culpable por mi necesidad de alimentarme (y de comer comida “de verdad”) que, durante medio segundo, sentí el impulso de correr al baño a vomitar todo lo que había ingerido en el último mes. Estimada Victoria, donde quiera que estés, tu campaña “I love my body” me hizo sentir muchas cosas, pero definitivamente nada parecido a “amo mi cuerpo”. Creí que a menos que sea Adriana Lima, Alessandra Ambrosio, Rosie Huntington, o Miranda Kerr, mi figura no es digna de ser amada por nadie – especialmente no por mí. Y estoy segura de que no fui la única; debe haber más de una mujer “con cuerpo real” indignada por una campaña como esta. Basta de sentirnos avergonzadas y humilladas por nuestras redondeces y “zonas mulliditas” – aceptarse no es un crimen y el talle 00 NO es sinónimo de perfección.
La anorexia está de moda, y nosotros lo estamos avalando.


13 de abril de 2012

¡Tachame la doble!

Los problemas no vienen solos… Vienen de a pares. Para ser más exacta, pares múltiples: dos semanas, dos pares. Paso a explicar la situación.
Semana 1. Día martes: me entero que mi amor platónico de la escuela primaria le propuso casamiento a su novia (que por supuesto aceptó, sino no estaría escribiéndoles esto). Día jueves: el chico que me encantaba en la secundaria acaba de convertirse en el flamante “esposo de…”. Por extraño que parezca, estas noticias revolucionaron a las mariposas de mi estómago –a uno de mis “enamorados” no lo veo hace 8 años, y al otro hace 16, ¿por qué habría de ponerme mal que se casen? Es un suceso de lo más normal. ¿¡¿Por qué habría de afectarme la idea de que todos mis conocidos encuentran a alguien y se enamoran y se casan y son felices, y son TODOS menos yo?!? Si es una pavadita esto de hacerse adulto… Gracias universo por recordarme diariamente que las personas que me rodean, incluso las que quedaron en pasados muy muy lejanos, crecen y hacen “cosas de grandes” mientras que mi rumbo en la vida sigue siendo un gigantesco signo de interrogación. No sea cosa que en algún momento me olvide lo perdida que estoy.
El toque de gracia, sin lugar a dudas, viene la semana siguiente con el ataque de los ex. Día lunes. Reencuentro con Y, “el” ex (se sobreentiende que BlackBerry Messenger de por medio, como siempre). Día viernes. Mensaje vía Whatsapp de un ex amigo-con-derecho-a-roce (ese indefinido y complicado estadio intermedio entre ‘chongo’ y ‘novio’). Como si la idea de ser la única inútil estancada no fuese un bajón de autoestima suficiente, el destino decide que esta es la semana perfecta para recordarme que soy una mujer adulta cuyas conquistas en el campo de las relaciones interpersonales se reducen a un puñado de vínculos fugaces con personas severamente trastornadas y emocionalmente incapacitadas.
Dos semanitas D-I-V-I-N-A-S, como verán. No podría sentirme más fracasada ni aunque lo intentara.
¡Una grúa Caterpillar para levantar un poco este ego, por favor! Y si eso llegara a fallar, un pasaje directo y sin escalas hasta el Happy Hour de Bailey’s Frozen más cercano. Si no podemos levantar al amigo ego, entonces ahoguemos sus quejas en alcohol.

9 de abril de 2012

Día de aquellos

Típica situación que me pasa sólo a mí: abro la agenda al mediodía para anotar algo y me encuentro ahí, mirándome descaradamente, un cartelón que señala que tengo que estar dentro de una hora en el hospital para hacerme una ecografía.
¿¡¿¡QUE?!?!?
Juraba que mi turno era el mismo día y en el mismo horario pero de la semana próxima. ¿Qué le está pasando a mi infalible memoria? ¿Se me están viniendo encima los años? (evito contestarme cualquiera de las dos preguntas, no sea que tenga que agregar otro ítem a mi ya de por sí extensa lista de complejos y autorreproches).
Mientras espero en la parada del colectivo (previo paso por el kiosco para comprarme el litro y medio de agua que tengo que tomar para el estudio) voy repasando mentalmente las cosas que necesito y si tengo todo: orden para la ecografía (), credencial y documento (), agua (en eso estamos), depilación (¡SI! ¡Dios te tenga en la gloria, depilación definitiva!), ropa interior decente (mátenme – tengo puesta una tanga rosa con una Hello Kitty).
A pesar de que llego 15 minutos antes de mi horario, tengo que esperar más de 40 minutos para que me hagan pasar; aparentemente se quedaron sin sistema y se les superpusieron los turnos (sí, eso que se lo expliquen a mi vejiga que hace más de una hora retiene lo que parecen un millón y medio de litros de agua).
Por supuesto que el médico que me atiende está buenísimo (y yo que no dejo de pensar que justo HOY me puse la ropa interior más infantil que tengo) y por supuesto que me da vergüenza decirle que si me sigue presionando tan fuerte la panza voy a explotar (¿por qué los médicos lindos son tan brutos? ¿Es algún tipo de ley?), así que cierro los ojos y suplico a alguna entidad sobrenatural que me ayude a aguantar 5 minutos más.
- ¿Necesitas algo más aparte del volumen ovárico? – me pregunta.
Resisto la tentación de contestarle un “sí, tu número de teléfono y que me invites a salir” – entre mis ganas de hacer pis y mi Hello Kitty, claramente, ni da.

2 de abril de 2012

Cosas que te pasan si sos eMJay (edición urbana)

Sábado a la noche, a punto de salir de casa para ir a un cumpleaños. Me miro en el espejo por última vez para acomodarme en una colita de caballo algunos mechones de flequillo que andaban descontrolados por ahí. Desde atrás, la voz de mi amiga: “¡Estas re linda! Me encanta como te queda ese short. Hoy no te vas del cumpleaños sin un chongo”.
Un rato después, la noche nos encuentra a ambas en la zona de Congreso, frente a un cartel de luminosas letras blancas que deletrean la palabra “Burlesque”. La puerta es negra y angosta, y da lugar a un pasillo igualmente angosto y oscuro.
Cuál fue nuestra sorpresa cuando, una vez adentro del bar, caemos en la cuenta de que los artistas a cargo del show son todos travestis y Drag Queens (medio pelo, por supuesto), y que los clientes (tanto hombres como mujeres) son, en su gran mayoría, gays.
En síntesis: Me fui del bar con unos cuantos datos útiles para caminar sobre tacos/plataformas altísimas sin perder el equilibrio, lugares en donde puedo conseguir uñas y pestañas postizas fuera de serie, lo último en tratamientos para el pelo y extensiones… Todo, todo, menos chongo.

30 de marzo de 2012

Cuestión (mono)Cromática

Hoy comparto una “perla” sacada de la serie Grey’s Anatomy (Anatomía de Grey).
Lexie acaba de teñirse el pelo de rubio. Su ex (el Dr. Sloan) la ve de espaldas, no la reconoce, y se le acerca para invitarla a salir. Al percatarse de su error, esta es la frase con la cual se excusa:
“¡No podes teñirte el pelo de ese color! Las rubias son sexies, y divertidas… Vos… Vos… ¡SOS MOROCHA! (“You can’t pull that color! Blondes are slutty, and fun… You’re… You’re brunette!”)
Chicos, ¿Quién los convenció de que las rubias se divertían más? ¿Desde cuando nuestras capacidades y aptitudes “festivas” están genéticamente predeterminadas en un color de pelo?


No se dejen engañar. Las morochas también tenemos lo nuestro.

29 de marzo de 2012

“Chape Paracaidista”

El fin de semana fui víctima de un “chape paracaidista”. Como uno de esos golpes que te dan de lleno y vos no sabés ni de dónde salieron, así fue mi situación: nunca la ví venir.
Fui a una fiesta (increíble, por cierto) y durante la noche había estado cruzando un par de palabras con un chico súper simpático – todo el tiempo hacía chistes o me comentaba algo que me hacía reír. En ningún momento sentí que la interacción fuera en plan levante; me lo tomé simplemente como una conversación entretenida y “buena onda” entre dos extraños que se conocen en una fiesta, se caen bien mutuamente, y cuyos amigos ya tienen elevadísimos niveles de alcohol en sangre.
En una de mis tantas idas y venidas a la pista de baile (se sabe que no puedo quedarme demasiado tiempo quieta en el mismo lugar), ¡ZAS! El chico me agarró suavemente del brazo, me acercó la cara y me plantó un beso. Reitero – jamás me sentí ‘abordada’. Pensé que se me acercaba porque quería decirme algo y la música estaba muy fuerte… Cualquiera (mis amigas dirían que esto de no ver las cosas es mi especialidad, pero eso será tema de algún otro post).
Como se imaginarán, me fui de la fiesta de súper buen humor. Qué bien conocer a alguien simpático, interesante y decidido (convengamos que la jugarreta del beso fue una apuesta muy arriesgada que podría haber tenido consecuencias nefastas). Y como siempre se deja lo mejor para el final, acá va la frutillita del postre: encima de todo, cero creído y buen besador. Aplausos para el chico, por favor.

23 de marzo de 2012

Cuestión de Karma

No me gusta decir que la vida es injusta, ¡pero qué manera de pasarse con las ironías!
Hace meses (casi años) que un amigo de mi hermano me invita a salir de manera tan insistente que ya me hace sentir en extremo incómoda. Le dije ‘no’ de todas las formas posibles y en todos los idiomas que conozco y el pibe cada vez que puede vuelve a su reclamo de “no-me-das-bola-cuando-nos-vemos”. Una cosa de locos.
La cuestión es que como todavía no entiende que mi negativa es rotunda, final, definitiva, y que nunca jamás de los jamases va a convertirse en un sí, decidí directamente dejar de intentar. Me resulta de lo más chocante ignorar a alguien pero, ¿qué otra opción me quedaba? (Flaco, de verdad, ¿no tenés un mínimo resquicio de dignidad u orgullo que te digan que fue suficiente y que si no accedí hasta ahora deberías dejar de intentar?)
Durante un mes seguido llovieron mensajes de texto, alertas de BlackBerry Messenger e inboxes de Facebook que ni me gasté en abrir, y estoy esperando ansiosa al momento en el que deje de recibirlos definitivamente (ese día juro que hago una fiesta).
Todo venía divinamente bien, me sentía sorprendentemente cómoda y no-culpable en mi ignorancia del otro, hasta que la situación se me dió vuelta: ya van dos semanas seguidas que voy a trabajar y que me encuentro todos los días (y más de una vez al día) con B (
http://historiaspoliticamenteincorrectas.blogspot.com.ar/2011/09/hay-que-confiar-en-la-intuicion.html) y que el muy maldito apenas si me saluda (y eso porque yo soy la que da el primer paso y le sonrío cada vez que lo veo, capaz que si no le doy los buenos días ni siquiera llegamos a ese intento muy fallido de comunicación).
Es decir, en menos de un mes pase de la categoría “te ignoro” a la categoría “te ignoran”. Karma, te estoy odiando en este momento. Mucho.

19 de marzo de 2012

Historia de un Vestido

Últimos días de verano, época de liquidaciones, y momento en el cual la gran mayoría de mis amigas, como buenas féminas que son, hacen del ‘window shopping’* su pasatiempo número 1.
Entre las varias entradas y salidas de diversos locales, encuentro un sueño colgando en un perchero: un vestido strapless negro, largo apenas por arriba de la rodilla, de una tela semi-raso (suavecita y con un brillo súper sobrio). La perfección misma. Y por el 50% de su valor original.
Lo miré, lo acaricié, le dí vueltas para un lado y para el otro intentando encontrar una falla, un defecto, ALGO que frenara mi impulso de compralo-ahora-ya-urgentemente. Nada. Valía todos y cada uno de los $300 que costaba (si, una desgracia para mi cuenta bancaria).
Busqué a mi amiga con la vista, levanté la percha, y esperé el veredicto: “No sé qué estás esperando para probártelo”. Sí, definitivamente. Yo tampoco sabía qué estaba esperando -estaba claro que había sido amor a primera vista- pero me sentía mejor si alguien más respaldaba mi elección. “Me lo compro y me lo pongo para la fiesta de M”, dije mientras caminaba hacia el probador.
Oh no.
Oh no.
OH NO.

La fiesta de M.
La única noche donde lo puedo ver a él, a M, sin poner excusas de ningún tipo y soy feliz nada más que porque estoy en su lista de invitados. El único evento para el que me preparo con días de anticipación, para el cual me pruebo literalmente toda mi ropa un mínimo de 30 veces en busca del vestuario perfecto, el que me tiene en vela toda la noche anterior pensando qué hago con mis rulos descontrolados y cuál es la proporción ideal de color/intensidad/cantidad de maquillaje, y todo para arrepentirme media hora antes de salir de casa porque siento que nunca estoy lo suficientemente linda, y, si me vestí un poco mas sexy de lo normal, me siento lisa y llanamente ridícula.
Esa fiesta a la cual me muero por ir, en donde M no va a dedicarme más de media mirada (van a ser todas para su nueva novia), en la cual yo voy a estar toda la noche con el monstruo de los celos carcomiéndome las entrañas y poniendo mi mejor sonrisa como si nada me estuviera pasando. Esa noche en la cual absolutamente todos se embriagan y se descontrolan y se divierten y la única noche al año en donde quiero ahogar todas mis penas en alcohol y agarrarme la borrachera de mi vida e, irónicamente, estoy más sobria y controlada que nunca, no sea cosa que me meta en problemas.
Esa MALDITA fiesta.
Paré en seco, me giré, y con un largo suspiro dejé la percha de vuelta en su lugar. No quería ese vestido para mí, lo quería para impresionarlo a él y (qué ingenua soy) para recordarle que entre nosotros dos todavía hay cuentas pendientes (léase, que yo todavía me muero de amor cada vez que lo veo). Felicitaciones, eMJay, bienvenida al mundo real: No tiene ningún sentido seguir ilusionándose y producirse tanto para alguien que no va a valorarlo.
Adiós, hermoso strapless de tela de ensueño. Cuando aprenda a hacer las cosas por mí, juro que te vuelvo a buscar.



* Window Shopping: Pasatiempo mayormente femenino que consiste en devorar vidrieras y percheros de ropa a través de la vista y formular reiteradas quejas acerca de la mercadería (ya sea por sus elevados precios o por los talles y colores no disponibles). Pueden llegar a observarse también ataques de furia y/o pánico en ciertos sujetos tras experimentarse cierto tipo de angustia existencial al notarse un cúmulo de calorías extras depositado en las denominadas “zonas problemáticas”. Dichos ataques son controlados mediante bebidas o brebajes calóricos, tales como el helado o el café. Irónicamente, todos los componentes que conforman la actividad ‘window shopping’ generan endorfinas positivas y, consecuentemente, producen saciedad, felicidad y placer en los sujetos observados.

14 de marzo de 2012

Reflexión del día




Hoy comparto una imagen que hace días está circulando por Facebook.
La anorexia NO es sexy. ¿En qué momento nos dejamos convencer de lo contrario?

23 de febrero de 2012

Siempre se puede estar peor

Si hay algo peor que ir a la costa y que se te acerquen cien tarjeteros de boliche por hora, eso es ir a la costa y que no se te acerque NINGUN tarjetero en todo el fin de semana.
Los ves venir de lejos, con sus musculosas propagandísticas de colores estridentes, sus anteojitos de sol bien calzados (obvio, para disimular la fisura que arrastran de la noche anterior), esa sonrisa de me-creo-mil-es-lo-mas-vivir-de-la-joda, haciendo ese malabarismo estratégico que sólo ellos dominan, pasando tarjetas, biromes y celulares de una mano a la otra y de vuelta a la mano original, sin dejar caer nunca nada.
Se acercan con paso lento pero confiado - tanta mujer suelta convierten a la playa en, literalmente, un ‘campo minado’. Están tan cerca tuyo que ya podés escuchar el siempre exagerado discurso de cómo ese boliche es mejor que cualquier otro. Se acercan un poco más, y empieza el ritual del reconocimiento: miran primero el largo de tus piernas y el tamaño de tu bikini (cuanto más diminuto el triangulito, más miran), miden cual cirujano plástico la curvatura de cada una de tus lolas, y pasan, finalmente al contacto visual: sostienen la mirada, siguen sosteniendo la mirada, sonríen, siguen sosteniendo la mirada, abren la boca y … ¿Y pasan de largo?
¡Hola, niño tarjetero! ¿A mi no me das entradas? ¿Qué acaso no estoy en edad de ir a bailar? ¿Estoy buena como para que me dejes tus ojos de regalo en mi escote pero no taaaan buena como para ir a tu boliche? ¿Cuántos años te pensás que tengo, eh? ¿Ya pase a ser muy-vieja-para-divertirme? ¿Eh? ¿¡EEEHHHHH?!



¡¡¡¡¡SOCORRO!!!!! ¡¡¡¡¡Que alguien me rescate!!!!! ¡¡¡¡¡Me hice adulta y no tengo idea de cuándo ni cómo!!!!!

14 de febrero de 2012

San Valentín

La ciudad se viste de flores, de colores, de corazones y pancartas que declaran amor a los cuatro vientos. Todo divino, por supuesto, si estas en pareja y recibís alguna de todas estas atenciones. Ahora, ¿qué hacés de tu vida si sos soltera en un día como hoy?
Seguramente en tu lista ya entraron opciones como:
a) Suicidarte con un atracón de varios kilos de helado.
b) Deshidratarte lacrimógenamente tras escuchar el nuevo disco de Adele.
c) Dejar de respirar por sobredosis de escenas de besos y amor-perfecto-para-toda-la-vida de las películas de Hollywood.
d) Todas las anteriores.
Como si el día a día de una soltera no fuese lo suficientemente duro, teníamos que agregar San Valentín a nuestro calendario de fechas patrias. Te bancas que en cada reunión de conocidos te pregunten “en que estas” y que te contesten con el clásico “ya te va a llegar…” cuando decís que estas sola; sos la única sin pareja en las mesas de casamiento de tus amigos (que ya se están casando y están teniendo hijos); tus compañeros de trabajo piensan que estas para remate e insisten en arreglarte salidas con un impresentable atrás de otro; y, si sos como yo, también tenés dos abuelas que te reclaman de forma casi diaria que quieren tener un bisnieto (como si vos no le estuvieses poniendo voluntad al ‘detallecito’ del novio…). Es totalmente innecesario tener otro día que te recuerde a vos, mujer soltera, lo soltera que estás, ¿no?.
Ahora, yo me pregunto, si hay un día de los Enamorados, ¿por qué no puede haber un día de los Solteros? Es precisamente por este motivo, y porque me cansé de que el mundo y mi conciencia me hagan sentir culpable por mi estado civil actual, que planeo juntarme con amigas a festejar mi soltería. Sisi, así como leen. Hoy a la noche cuando levantemos ‘las copas de amor’, vamos a brindar por todos aquellos imbéciles que nos conocieron y que se lo perdieron, y por los afortunados que nos conocerán en algún futuro. Aunque este día se empeñe en hacernos sentir unas perdedoras, SOMOS fabulosas.

7 de febrero de 2012

Sprite tiene algo que decirte…

Les molesta que tengas un auto mejor/más nuevo/más rápido/más grande que el de ellos. Verte bajar del lado del conductor de un buen auto los transforma en una suerte de increíble Hulk con úlceras y urticaria. Y si encima sos habilidosa al volante, preparate para el Apocalipsis – creo que ser cornudos los avergonzaría menos que tener que admitir que una chica sabe manejar en serio.
Acabo de volver de un cumpleaños en la casa de un amigo. La mayoría de los invitados eran hombres, y hubo uno con el que me puse a hablar enseguida. Después de un rato de charla, me ofreció un Fernet con Coca-Cola, a lo cual respondí con mi habitual “sólo Coca, gracias, vine con el auto y prefiero no tomar”. Mientras el chico se preparaba su trago, me suelta -con un tono bastante desagradable- un “entonces eras vos la que se bajó del auto negro que está estacionado en la puerta”. Lo miré extrañada (de verdad no entendía de dónde había salido la pregunta, no tenía nada que ver con el tema que veníamos tratando antes) y respondí, bastante cohibida, que efectivamente yo era la chica en cuestión.
Para qué. En medio segundo me había acribillado a preguntas: de qué año es el auto, qué motor tiene, qué nafta carga, cuántos litros, cómo es el rendimiento, cuál es el perfil de las llantas, etc, etc, etc. Imagínense la situación: yo estaba literalmente arrinconada contra una pared respondiendo un cuestionario interminable, cada pregunta más técnica y complicada que la anterior, y él cada vez más y más enojado porque yo sabía las respuestas (¡gracias papá y hermanito por haberme hecho tan fanática de los fierros!).
Cuando creí que el interrogatorio se había acabado, el chico suelta, de forma completamente irónica y desubicada, un “¿En qué laburas que podés comprarte semejante autito?”. ¿Qué onda, flaco? ¿Sos de la AFIP? ¿Me vas a hacer firmar una declaración jurada de bienes y ganancias? Tomé un trago de Coca, sonreí, y dije: “No te lo puedo decir, es un secreto de Estado. Dame un segundo que paso al baño…”. De más está decir que nunca más volví.
Lo que yo todavía no puedo entender es en qué momento una charla de pseudo-levante se convirtió en una batalla feroz por demostrar que la mujer (lease, yo) es el sexo débil. Estoy acostumbrada a que los hombres peleen entre sí a ver quién es el macho Alfa, ¿pero competir contra una mujer? ¿No se les estará yendo de las manos? ¿Tan mal están algunos que prefieren arruinarse el levante antes que remojar su ego en Fernet y tragárselo?
Lo peor de todo es que yo en ningún momento le pregunté a él qué auto tenía, ni comparé, ni critiqué. Es más, ¡ni siquiera sé si tiene auto! (no me atreví a contrarrestar sus preguntas con otro interrogante). Todo ese enojo y ese teatro de macho-con-orgullo-herido fueron productos únicos y exclusivos de su cabeza. Ridículo.
¡Cuánta razón tenía Freud respecto a los hombres y su obsesión con los tamaños!

27 de enero de 2012

Quiero pero no puedo

Todos dicen que la excusa más utilizada en el mundo de las relaciones es “no sos vos, soy yo”. En mi caso, la que gana (y por más ventaja que Cristina en las últimas elecciones) es “quiero, pero no puedo”. No puedo porque tengo novia, no puedo porque no voy a traicionar a mi amigo, no puedo porque sos demasiado mina para mi (¿?), no puedo porque tengo una historia complicada… Lo que se imaginen, me lo han dicho.
Ahora, yo me pregunto por qué no piensan en sus novias y en sus amigos y en sus historias y en todos esos “demases” ANTES de abrir la boca y prometer el mundo que, obviamente, jamás van a dar. Eso es lo peor de todo, que no te prometen llevarte a cenar y una noche juntos y hasta ahí llegamos. Nonono. Te mienten descaradamente y te agrandan el combo por 50 centavos: te juran amor eterno y tratarte como a una reina, como si vos fueses una boluda total y no supieras que el enamoramiento les va a durar lo mismo que la calentura, y que el desayuno en la cama se reemplaza por un “¿te llamo un taxi?” cuando la acción se acabó.
Chicos, las expectativas de una mujer no siempre son desmedidas desde el minuto uno… Muchas veces se inflan por las cosas que ustedes dicen. Si no se van a hacer cargo, entonces NO agiten.

23 de enero de 2012

Cosas que te pasan si sos eMJay (edición playera)

Hace unas semanas decidí hacerme una escapada de 4 días a la costa y, como no puede ser de otra manera, junté unas cuántas anécdotas para compartir… De esas historias y cosas que me pasan sólo a mí, y que se potencian durante el verano:




  1. Que el promedio de edad de los hombres que se acercan a chamuyarme supere un nuevo mínimo: 20 años (muy a mi pesar, en ese promedio se incluye algún ocasional ebrio de 17 años… Sigo así y antes de mi próximo cumpleaños me van a avanzar niños en edad preescolar).



  2. Acceder a dejarle mi PIN de Blackberry a un tarjetero (juro que fue MUY insistente) y que mande un “¿Cómo vaaaa? No te veo hace días por acaaaaa” una semana después de que volví a Capital.



  3. Ver un chico lindo en la entrada del boliche, buscarlo toda la noche, y encontrarlo en el momento exacto en el que está apretando salvajemente con la mina más linda de todo el lugar.



  4. Mientras estoy buscando al chico lindo del punto anterior, llega un mensaje de texto del último pibe con el que estuve – y que desapareció sin dejar rastro hace más de 2 meses – preguntando si quiero "hacer alguna”.



  5. Encontrar un bombonazo en la playa, que me hable, que me pida mi número de teléfono, arreglar para vernos a la noche, que al mediodía siguiente llame para disculparse por no haber salido la noche anterior y para encontrarnos “ahora ya” en la playa, y que yo ya esté en la ruta volviendo a Capital (y para rematar, que el chico en cuestión viva y trabaje en San Bernardo).

Claramente, esta soy yo, y estas son las cosas que me pasan…

17 de enero de 2012

Y yo encima con un Blackberry…

Soy una de esas pocas personas que, a la hora de decidir si va o no a un evento, le presta muy poca atención a quienes van a estar ahí. La mayoría de mis amigos va a fiestas sólo si saben que van a encontrarse con conocidos, o si van acompañados desde el principio. Yo no. No tengo problema en ir a cualquier lado y poco me importa si conozco a la gente que asiste. Soy en extremo sociable así que enseguida me pongo a hablar y a conocer gente nueva. Le hago algún comentario gracioso a uno, le pregunto algo a otro, le pido que me recomiende algo para tomar a un tercero, y de ahí en adelante se va dando la conversación. Claro que tiene sus riesgos, porque siempre existe la posibilidad de que no haya nadie con quien sociabilizar, pero hasta ahora nunca la había pasado mal. Y hago especial énfasis en “hasta ahora”.
Una amiga y su hermano organizaron una fiesta en su casa; había más de 100 personas y el 75% de los invitados no superaba los 22 años de edad. Me sentía la madre de todos, un horror. Los amigos del hermano hablaban en un idioma que no podía descifrar (en parte por el vocabulario desconocido, y en mayor medida por la cantidad de alcohol que habían ingerido y que ya no les dejaba pronunciar nada de forma clara). Los amigos de mi amiga le daban a los brownies de marihuana y a la gelatina de vodka que era de no creer. Literalmente, no tenía NADA que hacer en ese lugar, con NADIE. Pero mi amiga me había invitado y no podía decirle que no…
Para resumir la cuestión, hice lo que nunca: me convertí en una Blackberry adicta. Me pasé la mitad de la noche revisando el celular de manera frenética esperando encontrar alguna señal salvadora, algún plan alternativo, alguna excusa que me permitiera irme del lugar con un poco de dignidad (por estúpido que suene, llegar a mi casa un sábado a las 3 am me parecía de lo más triste). Por primera vez en la vida me sentí igualita a Bridget Jones cuando llega a la casa y revisa los mensajes en el contestador telefónico y lo que recibe por respuesta es un “no tienes absolutamente ningún mensaje, ni uno solo, ni siquiera de tu madre”. Nada. Ningún llamado, ninguna invitación de último momento en Facebook, ningún alerta de “estoy en una fiesta buenísima, vénganse todos” en WhatsApp, ni siquiera el clásico mensaje de texto desesperado de “¿en que andas?” de las 3.30 am. Nada de nada DE NADA.
Para eso tengo un Blackberry repleto de aplicaciones: para sentirme (como dice Drew Barrymore en la película ‘Simplemente no te quiere’) rechazada por 7 tecnologías distintas.

16 de enero de 2012

Feliz Navidad, Y

Llega esta época del año y me doy cuenta que mi debilidad por vos no tiene límites. Ya no te lloro, ya no te extraño, pero sigo con esa maldita (patética) necesidad de saber qué es de tu vida y si sos feliz; como si tu bienestar fuese responsabilidad mía, como si yo te hubiese empujado a tomar las decisiones que tomaste. Todavía no entiendo cómo es posible no amarte y que en mi corazón el no verte nunca más no sea un alivio, sino una tortura infinita.
Así llegó otra Navidad y un saludo fue la excusa perfecta para volver a marcar el número de tu celular. Increíble, hace años que no te llamo y no tuve ni la más mínima duda de cuales eran las teclas que tenía que apretar y en qué orden. Al principio pensé que, para ser fiel a la tradición, iba a tener que llamarte unas diez veces antes de que me atendieras. De hecho, hasta me debatí a mi misma cuál era un número decente de llamadas para hacer (con una parece que me quiero sacar el asunto de encima, dos que no intente lo suficiente, con ocho soy una arrastrada y con diez directamente soy un caso agudo de neurosis).
Esta vez, sin embargo, la respuesta no se hizo esperar. Cada uno de mis intentos se vió recompensado con un inmediato “el número con el que usted desea comunicarse no puede atenderlo en este momento…”. Después, la nada. La ausencia total de sonido y mis pensamientos que vuelan como dagas de un hemisferio al otro de mi cerebro: ¿Cambiaste de número? ¿Estás ocupado? ¿O será que finalmente armaste tus valijas y te fuiste de este país?
Y así, con un silencio ensordecedor, se cae el último puente que podía conectarme a vos. Se ve que hasta el destino se cansó de las idas y vueltas y decidió cortar con lo que yo nunca pude.
Hasta que nos volvamos a encontrar, Nene…