24 de septiembre de 2011

Hay que confiar en la intuición

Si hay una máxima que mis amigos varones me hicieron aprender a rajatabla, es que “si un pibe está interesado, te lo va a hacer saber”. Y créanme cuando les digo que no falla.
Para hacer de una historia muy larga algo muy corto, digamos que hace como 1 año y medio que una amiga (que es a su vez compañera de trabajo) se pone como meta personal conseguirme novio. Y, desde hace un año, esta misma amiga está a pleno conque encontró “el” candidato para mí: según ella, uno de los flacos que trabaja con nosotras (a quien por el momento vamos a llamar “B”) me tira onda y “está re-histeriqueando” conmigo.
La realidad es que para mi el pibe ni me tiraba onda, ni me histeriqueaba, ni nada… Hablabamos un poco, pero nada del otro mundo. O sea, si realmente quería invitarme a salir, no había necesidad de vueltear cual calesita, ¿no? Me invitaba a tomar algo y listo, asunto terminado (o empezado, si es que todo iba bien). Si nunca demostró real interés, es porque no está interesado, punto. Tan simple como eso.
Hace unos dos meses la cosa deja de ser tan clara cuando B empieza a tirar señales de lo más contradictorias: durante 3 días ni me habla y de repente, de
la mismísima nada, me regala un chocolate Milka. Me trata de “usted” nada más que porque sabe que me molesta, me gasta porque dice que soy una fashion victim (ja, ¡justo yo!), y después durante un mes otra vez no me dirige la palabra. Diagnóstico: Esquizofrénico total. Si hay algo que a mi me saca de quicio es no entender los patrones de conducta que sigue la gente, así que felicidades B, ganaste un pasaje directo a la faceta “ignorar”.
Todo venía muy tranquilo hasta que el mes pasado mi amiga vuelve al ataque: “B me preguntó si estabas de novia y estoy segura que en cualquier momento me pide tu número de teléfono” (nota al pie: estimado B, si querés saber algo de mi vida, ¿por qué no me lo preguntás directamente a mí?). Los días pasaron y mi amiga, una dulce total, justificó la inacción del pibe con un millón y medio de excusas: que no sabe como acercarse, que le debe dar vergüenza, que estamos en el lugar de trabajo… Y claro, yo me dejé convencer y me senté a esperar. Cuestión, que el flaco no sólo NUNCA me pidió nada (de hecho, creo que desde ese día no me dice más que hola/chau), sino que encima hoy me entero que aparentemente está CASADO (si, leyeron bien, C-A-S-A-D-O).
Ahora, yo me pregunto unas cuantas cosas… Desde qué hizo con la alianza (porque en el dedo correspondiente no la lleva), hasta si histeriquea por deporte, o si es lisa y llanamente un completo imbécil (por ahora no descarto ninguna de las últimas dos). Supongo que develaré dichas incógnitas el día lunes cuando vuelva a trabajar…

Moraleja: Mujeres, confíen en su intuición. Si ustedes creen que algo (o alguien) NO VA, seguramente tienen razón.

21 de septiembre de 2011

Primavera, primavera…

Hay un solo motivo por el cual una workaholic como yo puede estar a estas horas tipeando de manera frenética en la computadora algo que no esté relacionado con el estudio o el laburo - SATURACIÓN. Sisi, así como lo leen. Día de la Primavera, te fuiste al carajo.

Empecemos por el principio. El día fue glorioso, la temperatura divina, el sol radiante... Y yo recorriéndome la ciudad en un millón y medio de bondis, entrando y saliendo de mil oficinas (ajenas, obvio, mirá si encima voy a tener una que sea "mia")... Una tristeza. Para cada lado que dí vuelta la cabeza, vi un grupito de pibitas en musculosa, short y ojotas yéndose a Plaza Francia, al Rosedal, o a cualquier otro parque a matear y a levantarse pibes... ¡¡¡Por favor, doy cualquier cosa por bajarme de estos tacos y subirme a mis bienamadas Havaianas!!! Y ni hablar de un picnic al aire libre...

Hasta ahí no iba taaaaaaan mal igual, estábamos dentro del límite de lo tolerable. Pero claro, yo soy yo, y conmigo las cosas siempre pueden empeorar (y, de hecho, lo hacen)... ¿Alguna vez alguien intentó pasearse por las calles Palermitanas un 21 de Septiembre? Un horror.

Primero, porque esta lleno de gente que está hueveando por ahí cuando vos claramente no estás ni para huevear ni para que te hueveen (señora, si no tiene algo que hacer, CORRASE-y-déjeme-pasar-que-estoy-apurada-GRACIAS).

Segundo, porque en vez de recibir un "Feliz Primavera" como la gente, lo único que te tiran son los clásicos piropos alzados de gremio que te hacen sentir cualquier cosa menos halagada (por favor, si voy más tapada que la Madre Teresa de Calcuta, ¿me podés decir qué carajos te inspira a gritarme SEMEJANTE animalada?).

Tercero, porque en cada parada de colectivo hay un flaco esperando a su novia/amigaconderecho/amigarche/minita/comoquierasllamarla con una flor, o peor, con un RAMO de flores (me pregunto si durante el resto del año en algún momento el pibe tuvo este mismo gesto heróico, cosa que dudo).

Cuarto, porque está lleno de parejitas con las hormonas a pleno que se dan amor en cada centímetro cúbico de la cuadra, la calle es un desfile de manos y lenguas y caricias y besos y toqueteos que no se terminan nunca (¿es necesario apretar TANTO y TAN públicamente?).

En fin, como dije antes, un horror.

El momento sublime del día llega a las 6 de la tarde en Plaza Italia. Estoy parada en el semáforo esperando para cruzar la calle, cuando se me acerca un nenito de unos 5 años con unas rosas y me pregunta si quiero comprarle una. Le contesto que no, muchas gracias. Me retruca: "pero es el Día de la Primavera". Ja. Como si no lo supiera. ¿Qué se supone que le puedo contestar? "Si, nene, ya sé, y lo único que me falta para sentirme todavía más patética es autoregalarme la única flor que voy a recibir en todo el día". Juro que le pensé, eh. Pero hice la de siempre: puse mi mejor sonrisa, reiteré mi "no gracias", y le di una moneda. Pobre, en definitiva él no tenía la culpa.

Cuestión que son las 23.58 y mi conteo primaveral ha dado cero flores, cero piropos decentes, CEROS TOTALES (si, ni siquiera un miserable mensaje de texto, así de triste).

Fuck off, Día de la Primavera. El sábado te juro que me las cobro todas.