Siempre me consideré miembro del último grupo:
intento resolver los problemas de todos, evito los conflictos y las
confrontaciones que me parecen innecesarias… Mil veces me asombré con el
recuento de alguna ruptura amorosa en la cual los novios se separaron en los
peores términos y se cansaron de hacerse las peores jugarretas el uno al otro,
y mi reacción era siempre la misma: ¿Para qué invertir tanta energía en algo
tan negativo?
Bueno, finalmente encontré la respuesta a mi
pregunta: porque las pequeñas e inofensivas venganzas se disfrutan. Si si, ya
sé que está mal que lo vaya pregonando por ahí, pero por algo este blog se
llama “Políticamente Incorrecta”, ¿no?.
Salí con unas amigas a tomar algo, y cuando estoy
estacionando veo que está el auto de M parado en la puerta del bar al cual
queríamos ir (¿se acuerdan de M? http://historiaspoliticamenteincorrectas.blogspot.com.ar/2012/03/historia-de-un-vestido.html).
Por supuesto que no había lugar a dudas – NO
íbamos a entrar a ese bar – así que arranqué el auto y nos pusimos en marcha
nuevamente.
Habíamos avanzado menos de dos cuadras cuando di la
vuelta y volví exactamente al mismo punto de donde nos habíamos ido. Puse las
balizas, me bajé del auto y dibujé con mi rouge rojo un corazón gigante sobre
el parabrisas recién-lavado-inmaculado del auto de M. ¿El toque de gracia? Una
de mis amigas escribió su nombre completo en una letra cursiva excesivamente llamativa,
grande y femenina. No me pregunten qué fue lo que nos agarró porque no sabría
explicarlo. Sólo sé que cuando nos subimos nuevamente al auto estábamos felices
y nos reíamos como quinceañeras.
“Vos sabes que
si está con la novia esto va a traer problemas”, me susurró una de las
chicas. “Nunca lo sabremos”, contesté
“porque no hay forma alguna de que sepa
que fuimos nosotras”.
En ningún momento de la noche me arrepentí de lo que
hice, ni me remordió la conciencia. Es más, lo único que lamenté fue no haber
estado ahí para verle la cara cuando se subió al auto y se encontró con nuestra
obra de arte plasmada en sus narices. Debe haber sido un momento Kodak.
Muchas veces escuché que las chicas buenas van al
cielo y que las malas van a todos lados… No se si eso será cierto, pero créanme
cuando les digo que las chicas malas se divierten el doble…
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