1 de agosto de 2012

Dulce Venganza

Existen infinitas maneras de clasificar a las personas, y entre todas esas a mi me gusta diferenciar a los violentos de los pacifistas.
Siempre me consideré miembro del último grupo: intento resolver los problemas de todos, evito los conflictos y las confrontaciones que me parecen innecesarias… Mil veces me asombré con el recuento de alguna ruptura amorosa en la cual los novios se separaron en los peores términos y se cansaron de hacerse las peores jugarretas el uno al otro, y mi reacción era siempre la misma: ¿Para qué invertir tanta energía en algo tan negativo?
Bueno, finalmente encontré la respuesta a mi pregunta: porque las pequeñas e inofensivas venganzas se disfrutan. Si si, ya sé que está mal que lo vaya pregonando por ahí, pero por algo este blog se llama “Políticamente Incorrecta”, ¿no?.
Salí con unas amigas a tomar algo, y cuando estoy estacionando veo que está el auto de M parado en la puerta del bar al cual queríamos ir (¿se acuerdan de M? http://historiaspoliticamenteincorrectas.blogspot.com.ar/2012/03/historia-de-un-vestido.html). Por supuesto que no había lugar a dudas – NO íbamos a entrar a ese bar – así que arranqué el auto y nos pusimos en marcha nuevamente.
Habíamos avanzado menos de dos cuadras cuando di la vuelta y volví exactamente al mismo punto de donde nos habíamos ido. Puse las balizas, me bajé del auto y dibujé con mi rouge rojo un corazón gigante sobre el parabrisas recién-lavado-inmaculado del auto de M. ¿El toque de gracia? Una de mis amigas escribió su nombre completo en una letra cursiva excesivamente llamativa, grande y femenina. No me pregunten qué fue lo que nos agarró porque no sabría explicarlo. Sólo sé que cuando nos subimos nuevamente al auto estábamos felices y nos reíamos como quinceañeras.
Vos sabes que si está con la novia esto va a traer problemas”, me susurró una de las chicas. “Nunca lo sabremos”, contesté “porque no hay forma alguna de que sepa que fuimos nosotras”.
En ningún momento de la noche me arrepentí de lo que hice, ni me remordió la conciencia. Es más, lo único que lamenté fue no haber estado ahí para verle la cara cuando se subió al auto y se encontró con nuestra obra de arte plasmada en sus narices. Debe haber sido un momento Kodak.
Muchas veces escuché que las chicas buenas van al cielo y que las malas van a todos lados… No se si eso será cierto, pero créanme cuando les digo que las chicas malas se divierten el doble…  
  

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