23 de marzo de 2012

Cuestión de Karma

No me gusta decir que la vida es injusta, ¡pero qué manera de pasarse con las ironías!
Hace meses (casi años) que un amigo de mi hermano me invita a salir de manera tan insistente que ya me hace sentir en extremo incómoda. Le dije ‘no’ de todas las formas posibles y en todos los idiomas que conozco y el pibe cada vez que puede vuelve a su reclamo de “no-me-das-bola-cuando-nos-vemos”. Una cosa de locos.
La cuestión es que como todavía no entiende que mi negativa es rotunda, final, definitiva, y que nunca jamás de los jamases va a convertirse en un sí, decidí directamente dejar de intentar. Me resulta de lo más chocante ignorar a alguien pero, ¿qué otra opción me quedaba? (Flaco, de verdad, ¿no tenés un mínimo resquicio de dignidad u orgullo que te digan que fue suficiente y que si no accedí hasta ahora deberías dejar de intentar?)
Durante un mes seguido llovieron mensajes de texto, alertas de BlackBerry Messenger e inboxes de Facebook que ni me gasté en abrir, y estoy esperando ansiosa al momento en el que deje de recibirlos definitivamente (ese día juro que hago una fiesta).
Todo venía divinamente bien, me sentía sorprendentemente cómoda y no-culpable en mi ignorancia del otro, hasta que la situación se me dió vuelta: ya van dos semanas seguidas que voy a trabajar y que me encuentro todos los días (y más de una vez al día) con B (
http://historiaspoliticamenteincorrectas.blogspot.com.ar/2011/09/hay-que-confiar-en-la-intuicion.html) y que el muy maldito apenas si me saluda (y eso porque yo soy la que da el primer paso y le sonrío cada vez que lo veo, capaz que si no le doy los buenos días ni siquiera llegamos a ese intento muy fallido de comunicación).
Es decir, en menos de un mes pase de la categoría “te ignoro” a la categoría “te ignoran”. Karma, te estoy odiando en este momento. Mucho.

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