No me gusta decir que la vida es injusta, ¡pero qué manera de pasarse con las ironías!
Hace meses (casi años) que un amigo de mi hermano me invita a salir de manera tan insistente que ya me hace sentir en extremo incómoda. Le dije ‘no’ de todas las formas posibles y en todos los idiomas que conozco y el pibe cada vez que puede vuelve a su reclamo de “no-me-das-bola-cuando-nos-vemos”. Una cosa de locos.
La cuestión es que como todavía no entiende que mi negativa es rotunda, final, definitiva, y que nunca jamás de los jamases va a convertirse en un sí, decidí directamente dejar de intentar. Me resulta de lo más chocante ignorar a alguien pero, ¿qué otra opción me quedaba? (Flaco, de verdad, ¿no tenés un mínimo resquicio de dignidad u orgullo que te digan que fue suficiente y que si no accedí hasta ahora deberías dejar de intentar?)
Durante un mes seguido llovieron mensajes de texto, alertas de BlackBerry Messenger e inboxes de Facebook que ni me gasté en abrir, y estoy esperando ansiosa al momento en el que deje de recibirlos definitivamente (ese día juro que hago una fiesta).
Todo venía divinamente bien, me sentía sorprendentemente cómoda y no-culpable en mi ignorancia del otro, hasta que la situación se me dió vuelta: ya van dos semanas seguidas que voy a trabajar y que me encuentro todos los días (y más de una vez al día) con B (http://historiaspoliticamenteincorrectas.blogspot.com.ar/2011/09/hay-que-confiar-en-la-intuicion.html) y que el muy maldito apenas si me saluda (y eso porque yo soy la que da el primer paso y le sonrío cada vez que lo veo, capaz que si no le doy los buenos días ni siquiera llegamos a ese intento muy fallido de comunicación).
Es decir, en menos de un mes pase de la categoría “te ignoro” a la categoría “te ignoran”. Karma, te estoy odiando en este momento. Mucho.
Hace meses (casi años) que un amigo de mi hermano me invita a salir de manera tan insistente que ya me hace sentir en extremo incómoda. Le dije ‘no’ de todas las formas posibles y en todos los idiomas que conozco y el pibe cada vez que puede vuelve a su reclamo de “no-me-das-bola-cuando-nos-vemos”. Una cosa de locos.
La cuestión es que como todavía no entiende que mi negativa es rotunda, final, definitiva, y que nunca jamás de los jamases va a convertirse en un sí, decidí directamente dejar de intentar. Me resulta de lo más chocante ignorar a alguien pero, ¿qué otra opción me quedaba? (Flaco, de verdad, ¿no tenés un mínimo resquicio de dignidad u orgullo que te digan que fue suficiente y que si no accedí hasta ahora deberías dejar de intentar?)
Durante un mes seguido llovieron mensajes de texto, alertas de BlackBerry Messenger e inboxes de Facebook que ni me gasté en abrir, y estoy esperando ansiosa al momento en el que deje de recibirlos definitivamente (ese día juro que hago una fiesta).
Todo venía divinamente bien, me sentía sorprendentemente cómoda y no-culpable en mi ignorancia del otro, hasta que la situación se me dió vuelta: ya van dos semanas seguidas que voy a trabajar y que me encuentro todos los días (y más de una vez al día) con B (http://historiaspoliticamenteincorrectas.blogspot.com.ar/2011/09/hay-que-confiar-en-la-intuicion.html) y que el muy maldito apenas si me saluda (y eso porque yo soy la que da el primer paso y le sonrío cada vez que lo veo, capaz que si no le doy los buenos días ni siquiera llegamos a ese intento muy fallido de comunicación).
Es decir, en menos de un mes pase de la categoría “te ignoro” a la categoría “te ignoran”. Karma, te estoy odiando en este momento. Mucho.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario