23 de febrero de 2012

Siempre se puede estar peor

Si hay algo peor que ir a la costa y que se te acerquen cien tarjeteros de boliche por hora, eso es ir a la costa y que no se te acerque NINGUN tarjetero en todo el fin de semana.
Los ves venir de lejos, con sus musculosas propagandísticas de colores estridentes, sus anteojitos de sol bien calzados (obvio, para disimular la fisura que arrastran de la noche anterior), esa sonrisa de me-creo-mil-es-lo-mas-vivir-de-la-joda, haciendo ese malabarismo estratégico que sólo ellos dominan, pasando tarjetas, biromes y celulares de una mano a la otra y de vuelta a la mano original, sin dejar caer nunca nada.
Se acercan con paso lento pero confiado - tanta mujer suelta convierten a la playa en, literalmente, un ‘campo minado’. Están tan cerca tuyo que ya podés escuchar el siempre exagerado discurso de cómo ese boliche es mejor que cualquier otro. Se acercan un poco más, y empieza el ritual del reconocimiento: miran primero el largo de tus piernas y el tamaño de tu bikini (cuanto más diminuto el triangulito, más miran), miden cual cirujano plástico la curvatura de cada una de tus lolas, y pasan, finalmente al contacto visual: sostienen la mirada, siguen sosteniendo la mirada, sonríen, siguen sosteniendo la mirada, abren la boca y … ¿Y pasan de largo?
¡Hola, niño tarjetero! ¿A mi no me das entradas? ¿Qué acaso no estoy en edad de ir a bailar? ¿Estoy buena como para que me dejes tus ojos de regalo en mi escote pero no taaaan buena como para ir a tu boliche? ¿Cuántos años te pensás que tengo, eh? ¿Ya pase a ser muy-vieja-para-divertirme? ¿Eh? ¿¡EEEHHHHH?!



¡¡¡¡¡SOCORRO!!!!! ¡¡¡¡¡Que alguien me rescate!!!!! ¡¡¡¡¡Me hice adulta y no tengo idea de cuándo ni cómo!!!!!

14 de febrero de 2012

San Valentín

La ciudad se viste de flores, de colores, de corazones y pancartas que declaran amor a los cuatro vientos. Todo divino, por supuesto, si estas en pareja y recibís alguna de todas estas atenciones. Ahora, ¿qué hacés de tu vida si sos soltera en un día como hoy?
Seguramente en tu lista ya entraron opciones como:
a) Suicidarte con un atracón de varios kilos de helado.
b) Deshidratarte lacrimógenamente tras escuchar el nuevo disco de Adele.
c) Dejar de respirar por sobredosis de escenas de besos y amor-perfecto-para-toda-la-vida de las películas de Hollywood.
d) Todas las anteriores.
Como si el día a día de una soltera no fuese lo suficientemente duro, teníamos que agregar San Valentín a nuestro calendario de fechas patrias. Te bancas que en cada reunión de conocidos te pregunten “en que estas” y que te contesten con el clásico “ya te va a llegar…” cuando decís que estas sola; sos la única sin pareja en las mesas de casamiento de tus amigos (que ya se están casando y están teniendo hijos); tus compañeros de trabajo piensan que estas para remate e insisten en arreglarte salidas con un impresentable atrás de otro; y, si sos como yo, también tenés dos abuelas que te reclaman de forma casi diaria que quieren tener un bisnieto (como si vos no le estuvieses poniendo voluntad al ‘detallecito’ del novio…). Es totalmente innecesario tener otro día que te recuerde a vos, mujer soltera, lo soltera que estás, ¿no?.
Ahora, yo me pregunto, si hay un día de los Enamorados, ¿por qué no puede haber un día de los Solteros? Es precisamente por este motivo, y porque me cansé de que el mundo y mi conciencia me hagan sentir culpable por mi estado civil actual, que planeo juntarme con amigas a festejar mi soltería. Sisi, así como leen. Hoy a la noche cuando levantemos ‘las copas de amor’, vamos a brindar por todos aquellos imbéciles que nos conocieron y que se lo perdieron, y por los afortunados que nos conocerán en algún futuro. Aunque este día se empeñe en hacernos sentir unas perdedoras, SOMOS fabulosas.

7 de febrero de 2012

Sprite tiene algo que decirte…

Les molesta que tengas un auto mejor/más nuevo/más rápido/más grande que el de ellos. Verte bajar del lado del conductor de un buen auto los transforma en una suerte de increíble Hulk con úlceras y urticaria. Y si encima sos habilidosa al volante, preparate para el Apocalipsis – creo que ser cornudos los avergonzaría menos que tener que admitir que una chica sabe manejar en serio.
Acabo de volver de un cumpleaños en la casa de un amigo. La mayoría de los invitados eran hombres, y hubo uno con el que me puse a hablar enseguida. Después de un rato de charla, me ofreció un Fernet con Coca-Cola, a lo cual respondí con mi habitual “sólo Coca, gracias, vine con el auto y prefiero no tomar”. Mientras el chico se preparaba su trago, me suelta -con un tono bastante desagradable- un “entonces eras vos la que se bajó del auto negro que está estacionado en la puerta”. Lo miré extrañada (de verdad no entendía de dónde había salido la pregunta, no tenía nada que ver con el tema que veníamos tratando antes) y respondí, bastante cohibida, que efectivamente yo era la chica en cuestión.
Para qué. En medio segundo me había acribillado a preguntas: de qué año es el auto, qué motor tiene, qué nafta carga, cuántos litros, cómo es el rendimiento, cuál es el perfil de las llantas, etc, etc, etc. Imagínense la situación: yo estaba literalmente arrinconada contra una pared respondiendo un cuestionario interminable, cada pregunta más técnica y complicada que la anterior, y él cada vez más y más enojado porque yo sabía las respuestas (¡gracias papá y hermanito por haberme hecho tan fanática de los fierros!).
Cuando creí que el interrogatorio se había acabado, el chico suelta, de forma completamente irónica y desubicada, un “¿En qué laburas que podés comprarte semejante autito?”. ¿Qué onda, flaco? ¿Sos de la AFIP? ¿Me vas a hacer firmar una declaración jurada de bienes y ganancias? Tomé un trago de Coca, sonreí, y dije: “No te lo puedo decir, es un secreto de Estado. Dame un segundo que paso al baño…”. De más está decir que nunca más volví.
Lo que yo todavía no puedo entender es en qué momento una charla de pseudo-levante se convirtió en una batalla feroz por demostrar que la mujer (lease, yo) es el sexo débil. Estoy acostumbrada a que los hombres peleen entre sí a ver quién es el macho Alfa, ¿pero competir contra una mujer? ¿No se les estará yendo de las manos? ¿Tan mal están algunos que prefieren arruinarse el levante antes que remojar su ego en Fernet y tragárselo?
Lo peor de todo es que yo en ningún momento le pregunté a él qué auto tenía, ni comparé, ni critiqué. Es más, ¡ni siquiera sé si tiene auto! (no me atreví a contrarrestar sus preguntas con otro interrogante). Todo ese enojo y ese teatro de macho-con-orgullo-herido fueron productos únicos y exclusivos de su cabeza. Ridículo.
¡Cuánta razón tenía Freud respecto a los hombres y su obsesión con los tamaños!