No van a creer a donde fui ayer. De hecho, ni yo me lo creo todavía. Pensé que mis días de fiestas de egresados se habían quedado en algún rincón del olvido, agarrados de la manito de mis 17 y mis 18 años, pero no. Se juntaron la insistencia adolescente de una de mis compañeras de baile y mi completa incapacidad de decir “no”, y así terminé, a mitad de la semana, adentro de un boliche festejando nuevamente el final de la secundaria. A pesar de que hoy estoy pagando las consecuencias de mi arrebato de adolescencia tardía (por no decir irresponsabilidad), sepan que valió la pena cada segundo.
Si son aunque sea un poquito parecidas a mí, seguro se están preguntando qué puede haber de interesante en un boliche lleno de criaturas de 18 a 22 años, y la respuesta es precisamente esa: niños de 18 a 22 años. Antes de que saquen conclusiones apresuradas, NO, no me agarré a ningún nene (estoy sola pero no desesperada), pero más de uno me sorprendió.
Así como hace un par de días escribí que los hombres en la franja de los 25-30 años se quedan en pose esperando que sea la mujer quién dé el primer paso, ayer ví que la franja de 20-25 hace exactamente lo contrario. Encaran con una actitud de “me-llevo-el-mundo-por-delante-no-me-importa-nada” (rayando en la arrogancia), se acercan con una confianza extrema, no aceptan un “no” con facilidad, y van directo al punto y sin vueltas: “Me gustás, ¿qué te parece si nos divertimos un rato? ¿Bailamos o te invito un trago?” (OK, quizás un poco demasiado directos, pero por lo menos te invitan algo, que es mucho más de lo que puedo decir de los de mi edad, que ni siquiera se animan a encarar…). Si bien el chamuyo y la conversación que son capaces de elaborar son bastante limitados y llenos de clichés, es innegable que le ponen empeño y la reman en dulce de leche de ser necesario, así los mandes a tomar Cindor o de paseo a Disney.
Además, si seguimos con las comparaciones odiosas, ¿cuántos tipo de 30 hay que parecen tener, por lo menos, 10 años más? No saben la de espaldas, brazos, abdominales y demás musculosos que pegaron los chiquitos… Ufffff. No sé cuál será el ingrediente secreto que le ponen al Danonino, pero ha hecho maravillas en la nueva generación (La Serenísima, ¡gracias por tanto!).
Una noche memorable. Aunque tengo muy en claro que los niños en cuestión les deben decir lo mismo a tooooooooooodas, hace rato que no me iba de un boliche con el ego unos cuantos escalones arriba. Y, si escarbamos un poquito más y arrancamos con las confesiones, me veo en la obligación de admitir que hubo uno de 22 en particular al que podría no haberle contestado “¿sabés cuánta Cindor te hace falta?” si insistía sólo un poquito más… (sisi, culpable total de sólo pensarlo).
Ojo chicas, las cosas que estamos dejando pasar…
Si son aunque sea un poquito parecidas a mí, seguro se están preguntando qué puede haber de interesante en un boliche lleno de criaturas de 18 a 22 años, y la respuesta es precisamente esa: niños de 18 a 22 años. Antes de que saquen conclusiones apresuradas, NO, no me agarré a ningún nene (estoy sola pero no desesperada), pero más de uno me sorprendió.
Así como hace un par de días escribí que los hombres en la franja de los 25-30 años se quedan en pose esperando que sea la mujer quién dé el primer paso, ayer ví que la franja de 20-25 hace exactamente lo contrario. Encaran con una actitud de “me-llevo-el-mundo-por-delante-no-me-importa-nada” (rayando en la arrogancia), se acercan con una confianza extrema, no aceptan un “no” con facilidad, y van directo al punto y sin vueltas: “Me gustás, ¿qué te parece si nos divertimos un rato? ¿Bailamos o te invito un trago?” (OK, quizás un poco demasiado directos, pero por lo menos te invitan algo, que es mucho más de lo que puedo decir de los de mi edad, que ni siquiera se animan a encarar…). Si bien el chamuyo y la conversación que son capaces de elaborar son bastante limitados y llenos de clichés, es innegable que le ponen empeño y la reman en dulce de leche de ser necesario, así los mandes a tomar Cindor o de paseo a Disney.
Además, si seguimos con las comparaciones odiosas, ¿cuántos tipo de 30 hay que parecen tener, por lo menos, 10 años más? No saben la de espaldas, brazos, abdominales y demás musculosos que pegaron los chiquitos… Ufffff. No sé cuál será el ingrediente secreto que le ponen al Danonino, pero ha hecho maravillas en la nueva generación (La Serenísima, ¡gracias por tanto!).
Una noche memorable. Aunque tengo muy en claro que los niños en cuestión les deben decir lo mismo a tooooooooooodas, hace rato que no me iba de un boliche con el ego unos cuantos escalones arriba. Y, si escarbamos un poquito más y arrancamos con las confesiones, me veo en la obligación de admitir que hubo uno de 22 en particular al que podría no haberle contestado “¿sabés cuánta Cindor te hace falta?” si insistía sólo un poquito más… (sisi, culpable total de sólo pensarlo).
Ojo chicas, las cosas que estamos dejando pasar…

