30 de marzo de 2012

Cuestión (mono)Cromática

Hoy comparto una “perla” sacada de la serie Grey’s Anatomy (Anatomía de Grey).
Lexie acaba de teñirse el pelo de rubio. Su ex (el Dr. Sloan) la ve de espaldas, no la reconoce, y se le acerca para invitarla a salir. Al percatarse de su error, esta es la frase con la cual se excusa:
“¡No podes teñirte el pelo de ese color! Las rubias son sexies, y divertidas… Vos… Vos… ¡SOS MOROCHA! (“You can’t pull that color! Blondes are slutty, and fun… You’re… You’re brunette!”)
Chicos, ¿Quién los convenció de que las rubias se divertían más? ¿Desde cuando nuestras capacidades y aptitudes “festivas” están genéticamente predeterminadas en un color de pelo?


No se dejen engañar. Las morochas también tenemos lo nuestro.

29 de marzo de 2012

“Chape Paracaidista”

El fin de semana fui víctima de un “chape paracaidista”. Como uno de esos golpes que te dan de lleno y vos no sabés ni de dónde salieron, así fue mi situación: nunca la ví venir.
Fui a una fiesta (increíble, por cierto) y durante la noche había estado cruzando un par de palabras con un chico súper simpático – todo el tiempo hacía chistes o me comentaba algo que me hacía reír. En ningún momento sentí que la interacción fuera en plan levante; me lo tomé simplemente como una conversación entretenida y “buena onda” entre dos extraños que se conocen en una fiesta, se caen bien mutuamente, y cuyos amigos ya tienen elevadísimos niveles de alcohol en sangre.
En una de mis tantas idas y venidas a la pista de baile (se sabe que no puedo quedarme demasiado tiempo quieta en el mismo lugar), ¡ZAS! El chico me agarró suavemente del brazo, me acercó la cara y me plantó un beso. Reitero – jamás me sentí ‘abordada’. Pensé que se me acercaba porque quería decirme algo y la música estaba muy fuerte… Cualquiera (mis amigas dirían que esto de no ver las cosas es mi especialidad, pero eso será tema de algún otro post).
Como se imaginarán, me fui de la fiesta de súper buen humor. Qué bien conocer a alguien simpático, interesante y decidido (convengamos que la jugarreta del beso fue una apuesta muy arriesgada que podría haber tenido consecuencias nefastas). Y como siempre se deja lo mejor para el final, acá va la frutillita del postre: encima de todo, cero creído y buen besador. Aplausos para el chico, por favor.

23 de marzo de 2012

Cuestión de Karma

No me gusta decir que la vida es injusta, ¡pero qué manera de pasarse con las ironías!
Hace meses (casi años) que un amigo de mi hermano me invita a salir de manera tan insistente que ya me hace sentir en extremo incómoda. Le dije ‘no’ de todas las formas posibles y en todos los idiomas que conozco y el pibe cada vez que puede vuelve a su reclamo de “no-me-das-bola-cuando-nos-vemos”. Una cosa de locos.
La cuestión es que como todavía no entiende que mi negativa es rotunda, final, definitiva, y que nunca jamás de los jamases va a convertirse en un sí, decidí directamente dejar de intentar. Me resulta de lo más chocante ignorar a alguien pero, ¿qué otra opción me quedaba? (Flaco, de verdad, ¿no tenés un mínimo resquicio de dignidad u orgullo que te digan que fue suficiente y que si no accedí hasta ahora deberías dejar de intentar?)
Durante un mes seguido llovieron mensajes de texto, alertas de BlackBerry Messenger e inboxes de Facebook que ni me gasté en abrir, y estoy esperando ansiosa al momento en el que deje de recibirlos definitivamente (ese día juro que hago una fiesta).
Todo venía divinamente bien, me sentía sorprendentemente cómoda y no-culpable en mi ignorancia del otro, hasta que la situación se me dió vuelta: ya van dos semanas seguidas que voy a trabajar y que me encuentro todos los días (y más de una vez al día) con B (
http://historiaspoliticamenteincorrectas.blogspot.com.ar/2011/09/hay-que-confiar-en-la-intuicion.html) y que el muy maldito apenas si me saluda (y eso porque yo soy la que da el primer paso y le sonrío cada vez que lo veo, capaz que si no le doy los buenos días ni siquiera llegamos a ese intento muy fallido de comunicación).
Es decir, en menos de un mes pase de la categoría “te ignoro” a la categoría “te ignoran”. Karma, te estoy odiando en este momento. Mucho.

19 de marzo de 2012

Historia de un Vestido

Últimos días de verano, época de liquidaciones, y momento en el cual la gran mayoría de mis amigas, como buenas féminas que son, hacen del ‘window shopping’* su pasatiempo número 1.
Entre las varias entradas y salidas de diversos locales, encuentro un sueño colgando en un perchero: un vestido strapless negro, largo apenas por arriba de la rodilla, de una tela semi-raso (suavecita y con un brillo súper sobrio). La perfección misma. Y por el 50% de su valor original.
Lo miré, lo acaricié, le dí vueltas para un lado y para el otro intentando encontrar una falla, un defecto, ALGO que frenara mi impulso de compralo-ahora-ya-urgentemente. Nada. Valía todos y cada uno de los $300 que costaba (si, una desgracia para mi cuenta bancaria).
Busqué a mi amiga con la vista, levanté la percha, y esperé el veredicto: “No sé qué estás esperando para probártelo”. Sí, definitivamente. Yo tampoco sabía qué estaba esperando -estaba claro que había sido amor a primera vista- pero me sentía mejor si alguien más respaldaba mi elección. “Me lo compro y me lo pongo para la fiesta de M”, dije mientras caminaba hacia el probador.
Oh no.
Oh no.
OH NO.

La fiesta de M.
La única noche donde lo puedo ver a él, a M, sin poner excusas de ningún tipo y soy feliz nada más que porque estoy en su lista de invitados. El único evento para el que me preparo con días de anticipación, para el cual me pruebo literalmente toda mi ropa un mínimo de 30 veces en busca del vestuario perfecto, el que me tiene en vela toda la noche anterior pensando qué hago con mis rulos descontrolados y cuál es la proporción ideal de color/intensidad/cantidad de maquillaje, y todo para arrepentirme media hora antes de salir de casa porque siento que nunca estoy lo suficientemente linda, y, si me vestí un poco mas sexy de lo normal, me siento lisa y llanamente ridícula.
Esa fiesta a la cual me muero por ir, en donde M no va a dedicarme más de media mirada (van a ser todas para su nueva novia), en la cual yo voy a estar toda la noche con el monstruo de los celos carcomiéndome las entrañas y poniendo mi mejor sonrisa como si nada me estuviera pasando. Esa noche en la cual absolutamente todos se embriagan y se descontrolan y se divierten y la única noche al año en donde quiero ahogar todas mis penas en alcohol y agarrarme la borrachera de mi vida e, irónicamente, estoy más sobria y controlada que nunca, no sea cosa que me meta en problemas.
Esa MALDITA fiesta.
Paré en seco, me giré, y con un largo suspiro dejé la percha de vuelta en su lugar. No quería ese vestido para mí, lo quería para impresionarlo a él y (qué ingenua soy) para recordarle que entre nosotros dos todavía hay cuentas pendientes (léase, que yo todavía me muero de amor cada vez que lo veo). Felicitaciones, eMJay, bienvenida al mundo real: No tiene ningún sentido seguir ilusionándose y producirse tanto para alguien que no va a valorarlo.
Adiós, hermoso strapless de tela de ensueño. Cuando aprenda a hacer las cosas por mí, juro que te vuelvo a buscar.



* Window Shopping: Pasatiempo mayormente femenino que consiste en devorar vidrieras y percheros de ropa a través de la vista y formular reiteradas quejas acerca de la mercadería (ya sea por sus elevados precios o por los talles y colores no disponibles). Pueden llegar a observarse también ataques de furia y/o pánico en ciertos sujetos tras experimentarse cierto tipo de angustia existencial al notarse un cúmulo de calorías extras depositado en las denominadas “zonas problemáticas”. Dichos ataques son controlados mediante bebidas o brebajes calóricos, tales como el helado o el café. Irónicamente, todos los componentes que conforman la actividad ‘window shopping’ generan endorfinas positivas y, consecuentemente, producen saciedad, felicidad y placer en los sujetos observados.

14 de marzo de 2012

Reflexión del día




Hoy comparto una imagen que hace días está circulando por Facebook.
La anorexia NO es sexy. ¿En qué momento nos dejamos convencer de lo contrario?