Los problemas no vienen solos… Vienen de a pares. Para ser más exacta, pares múltiples: dos semanas, dos pares. Paso a explicar la situación.
Semana 1. Día martes: me entero que mi amor platónico de la escuela primaria le propuso casamiento a su novia (que por supuesto aceptó, sino no estaría escribiéndoles esto). Día jueves: el chico que me encantaba en la secundaria acaba de convertirse en el flamante “esposo de…”. Por extraño que parezca, estas noticias revolucionaron a las mariposas de mi estómago –a uno de mis “enamorados” no lo veo hace 8 años, y al otro hace 16, ¿por qué habría de ponerme mal que se casen? Es un suceso de lo más normal. ¿¡¿Por qué habría de afectarme la idea de que todos mis conocidos encuentran a alguien y se enamoran y se casan y son felices, y son TODOS menos yo?!? Si es una pavadita esto de hacerse adulto… Gracias universo por recordarme diariamente que las personas que me rodean, incluso las que quedaron en pasados muy muy lejanos, crecen y hacen “cosas de grandes” mientras que mi rumbo en la vida sigue siendo un gigantesco signo de interrogación. No sea cosa que en algún momento me olvide lo perdida que estoy.
El toque de gracia, sin lugar a dudas, viene la semana siguiente con el ataque de los ex. Día lunes. Reencuentro con Y, “el” ex (se sobreentiende que BlackBerry Messenger de por medio, como siempre). Día viernes. Mensaje vía Whatsapp de un ex amigo-con-derecho-a-roce (ese indefinido y complicado estadio intermedio entre ‘chongo’ y ‘novio’). Como si la idea de ser la única inútil estancada no fuese un bajón de autoestima suficiente, el destino decide que esta es la semana perfecta para recordarme que soy una mujer adulta cuyas conquistas en el campo de las relaciones interpersonales se reducen a un puñado de vínculos fugaces con personas severamente trastornadas y emocionalmente incapacitadas.
Dos semanitas D-I-V-I-N-A-S, como verán. No podría sentirme más fracasada ni aunque lo intentara.
¡Una grúa Caterpillar para levantar un poco este ego, por favor! Y si eso llegara a fallar, un pasaje directo y sin escalas hasta el Happy Hour de Bailey’s Frozen más cercano. Si no podemos levantar al amigo ego, entonces ahoguemos sus quejas en alcohol.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario