Hace unas semanas decidí hacerme una escapada de 4 días a la costa y, como no puede ser de otra manera, junté unas cuántas anécdotas para compartir… De esas historias y cosas que me pasan sólo a mí, y que se potencian durante el verano:
- Que el promedio de edad de los hombres que se acercan a chamuyarme supere un nuevo mínimo: 20 años (muy a mi pesar, en ese promedio se incluye algún ocasional ebrio de 17 años… Sigo así y antes de mi próximo cumpleaños me van a avanzar niños en edad preescolar).
- Acceder a dejarle mi PIN de Blackberry a un tarjetero (juro que fue MUY insistente) y que mande un “¿Cómo vaaaa? No te veo hace días por acaaaaa” una semana después de que volví a Capital.
- Ver un chico lindo en la entrada del boliche, buscarlo toda la noche, y encontrarlo en el momento exacto en el que está apretando salvajemente con la mina más linda de todo el lugar.
- Mientras estoy buscando al chico lindo del punto anterior, llega un mensaje de texto del último pibe con el que estuve – y que desapareció sin dejar rastro hace más de 2 meses – preguntando si quiero "hacer alguna”.
- Encontrar un bombonazo en la playa, que me hable, que me pida mi número de teléfono, arreglar para vernos a la noche, que al mediodía siguiente llame para disculparse por no haber salido la noche anterior y para encontrarnos “ahora ya” en la playa, y que yo ya esté en la ruta volviendo a Capital (y para rematar, que el chico en cuestión viva y trabaje en San Bernardo).
Claramente, esta soy yo, y estas son las cosas que me pasan…
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