19 de mayo de 2012

B contraataca


Hace aproximadamente una semana tuve uno de esos momentos de “no-lo-pensé-simplemente-me-dejé-llevar” (¿Qué me está pasando? Cerebro, ¿estás ahí?) y, para no perder la costumbre, por supuesto  terminé haciendo algo de lo que me arrepentí: Le dí mi número de teléfono a B.
Como dije antes, no sé en qué pensaba. Estábamos hablando, me puso cara de pobrecito y ahí estaba yo anotando mi celular en una hoja de papel. Lo peor de todo fue la facilidad con la que se lo dí. Venía pidiéndomelo hace días y yo venía escapándome cual Houdini, sin decirle ni una palabra. Malísimo. Malísimo que me haya enredado en una conversación, que me haya dicho unas cuantas cosas lindas, que me haya sostenido su mirada de perrito mojado unos segundos y que yo haya accedido a su pedido. Es sorprendente lo débiles que podemos ser las mujeres cuando nos dicen las palabras que queremos escuchar – siempre caemos en la tentación de creerlas. ¡Así de fáciles somos! (Bueno, OK, así de fácil SOY).
Por supuesto que a pesar de reprocharme mi falta de moralidad y códigos por haberle dado mi número a un pibe que está de novio, secretamente esperé que mi celular sonara en algún momento del fin de semana (encima de fácil, bipolar, ¡qué bien lo tuyo, eMJay!). Nunca sucedió.
Qué idiota. Digo, ¿qué pretendía? Era obvio que no me iba a llamar. Su juego es el histeriqueo constante, hacer la del gato y el ratón. Mi número de teléfono en ese papel fue la clara señal de su victoria; no tiene necesidad de seguir persiguiéndome. Ya ganó. Ya sabe que el “no” se transformó en un “sí” (está clarísimo que si me invita a tomar algo, a estas alturas, no voy a caerle con un “no, estás de novio, mejor no salgamos”). ¡Qué imbécil fui!
Y bueno, ahora a escarmentar. Cuando me lo cruce de nuevo en el trabajo, a poner mi mejor cara, mi más amplia sonrisa y a hacer de cuenta que aquí no ha pasado nada. O mejor dicho, a hacer de cuenta que acá pasó absolutamente de todo (chongos, fiestas, alcohol, descontrol, y demases) menos mi triste realidad de fin de semana pendiente de su maldito llamado.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario