27 de mayo de 2012

Eso te Pasa

No hay peor frase en la historia de la vida que un “eso te pasa…”, sobre todo cuando uno se lo dice a sí mismo tras una metida de pata épica. Exactamente una de esas me mandé, y todo por ser puro impulso y “dejarme llevar” (OTRA VEZ).
Por primera vez en la vida decidí probar como es esto del ‘touch and go’. Sí, leyeron bien: estuve con alguien que no es mi pareja, a quien conozco (pero no tanto), y la pasé como el orto.
Lo curioso es que al principio venía todo impecable; el chico se portó de lo más dulce, muy considerado y cuidadoso. Es más, hasta logró que no me sintiera como la ballena Willy en el momento en el que me saqué la ropa. Tan cómoda estaba que, una vez finalizado “el momento”, por primera vez en mucho tiempo me relajé y no sentí esa imperiosa necesidad de vestirme y escaparme en menos de 10 segundos.
Obviamente, como suele ocurrirme a mí, la felicidad duró muy poco y me llevé una crudísima dosis de realidad en cuanto el chico en cuestión volvió del baño. Me lanzó una mirada bastante cortante y, por si me quedaba alguna duda, disparó un “¿no te vestiste todavía?”. ¡Pum! A quemarropa. Me quedé helada medio segundo (pibe, hace dos minutos eras un amor, ¿qué onda? ¿volvió tu gemelo malvado del baño?) y, en cuanto reaccioné, me vestí a la velocidad de la luz (totalmente cohibida y sintiéndome el ser más repugnante de la historia, por cierto).
Aparte de que mentalmente le dediqué una lista de insultos bien completita de la A a la Z a sus inexistentes caballerosidad y tacto, no creerían cuánto me torturé a mí misma por haberme puesto en esa situación. T-E-R-R-I-B-L-E
Inevitable conclusión de la noche: Eso te pasa por trola, eMJay.        

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