El fin de semana fuí a una fiesta. Bastante reducida en tamaño, no éramos más que unas 20 ó 25 personas, y todos más o menos conocidos (léase, los amigos del dueño de casa, más algunas amigas de las amigas del dueño de casa). Todo arrancó muy tranquilo, un trago acá, otro allá, pasame la cerveza, te alcanzo el Fernet, y de a poco fuimos entrando en confianza.
A medida que corrieron las horas (y el alcohol, por supuesto) los hombres empezaron con las clásicas movidas de levante: ¿tu amiga tiene novio?, ¿tu novio te está controlando que mirás tanto el celular? (si, me reservo los comentarios respecto a este avance en particular), etc. Algunos te sacaban a bailar, otros se acercaban con un trago… Todo tranquilo. Hasta que la fiesta se convirtió en una jungla de animales depredadores, y no precisamente porque nosotras sacáramos las garras y la esencia felina. Los flacos empezaron literalmente a serrucharse el piso los unos a los otros – si vos hablabas con el rubio, enseguida venía el alto y te sacaba a bailar; si estabas bailando con el morocho, venía el de ojos claros y te ofrecía un trago. Realmente era de no creer, sobre todo si tenemos en cuenta que eran todos amigos.
Está bien que en la fiesta había el doble de hombres que mujeres, pero… ¿tan desesperados van a estar? Lo peor de todo fue que parecía no afectarles en lo más mínimo el estar pisándose entre sí y hacer el acto patético de “soy-el-macho-alfa-me-creo-mil”. Era más que obvio que ninguno buscaba a su 'media naranja' (ninguna buscaba novio tampoco, para el caso), pero así como no te metés con la novia de tu amigo, tampoco le arruinás el momento y le serruchás el levante… ¿no?
A medida que corrieron las horas (y el alcohol, por supuesto) los hombres empezaron con las clásicas movidas de levante: ¿tu amiga tiene novio?, ¿tu novio te está controlando que mirás tanto el celular? (si, me reservo los comentarios respecto a este avance en particular), etc. Algunos te sacaban a bailar, otros se acercaban con un trago… Todo tranquilo. Hasta que la fiesta se convirtió en una jungla de animales depredadores, y no precisamente porque nosotras sacáramos las garras y la esencia felina. Los flacos empezaron literalmente a serrucharse el piso los unos a los otros – si vos hablabas con el rubio, enseguida venía el alto y te sacaba a bailar; si estabas bailando con el morocho, venía el de ojos claros y te ofrecía un trago. Realmente era de no creer, sobre todo si tenemos en cuenta que eran todos amigos.
Está bien que en la fiesta había el doble de hombres que mujeres, pero… ¿tan desesperados van a estar? Lo peor de todo fue que parecía no afectarles en lo más mínimo el estar pisándose entre sí y hacer el acto patético de “soy-el-macho-alfa-me-creo-mil”. Era más que obvio que ninguno buscaba a su 'media naranja' (ninguna buscaba novio tampoco, para el caso), pero así como no te metés con la novia de tu amigo, tampoco le arruinás el momento y le serruchás el levante… ¿no?
Cero códigos. CERO.
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