Si hay una máxima que mis amigos varones me hicieron aprender a rajatabla, es que “si un pibe está interesado, te lo va a hacer saber”. Y créanme cuando les digo que no falla.
Para hacer de una historia muy larga algo muy corto, digamos que hace como 1 año y medio que una amiga (que es a su vez compañera de trabajo) se pone como meta personal conseguirme novio. Y, desde hace un año, esta misma amiga está a pleno conque encontró “el” candidato para mí: según ella, uno de los flacos que trabaja con nosotras (a quien por el momento vamos a llamar “B”) me tira onda y “está re-histeriqueando” conmigo.
La realidad es que para mi el pibe ni me tiraba onda, ni me histeriqueaba, ni nada… Hablabamos un poco, pero nada del otro mundo. O sea, si realmente quería invitarme a salir, no había necesidad de vueltear cual calesita, ¿no? Me invitaba a tomar algo y listo, asunto terminado (o empezado, si es que todo iba bien). Si nunca demostró real interés, es porque no está interesado, punto. Tan simple como eso.
Hace unos dos meses la cosa deja de ser tan clara cuando B empieza a tirar señales de lo más contradictorias: durante 3 días ni me habla y de repente, de la mismísima nada, me regala un chocolate Milka. Me trata de “usted” nada más que porque sabe que me molesta, me gasta porque dice que soy una fashion victim (ja, ¡justo yo!), y después durante un mes otra vez no me dirige la palabra. Diagnóstico: Esquizofrénico total. Si hay algo que a mi me saca de quicio es no entender los patrones de conducta que sigue la gente, así que felicidades B, ganaste un pasaje directo a la faceta “ignorar”.
Todo venía muy tranquilo hasta que el mes pasado mi amiga vuelve al ataque: “B me preguntó si estabas de novia y estoy segura que en cualquier momento me pide tu número de teléfono” (nota al pie: estimado B, si querés saber algo de mi vida, ¿por qué no me lo preguntás directamente a mí?). Los días pasaron y mi amiga, una dulce total, justificó la inacción del pibe con un millón y medio de excusas: que no sabe como acercarse, que le debe dar vergüenza, que estamos en el lugar de trabajo… Y claro, yo me dejé convencer y me senté a esperar. Cuestión, que el flaco no sólo NUNCA me pidió nada (de hecho, creo que desde ese día no me dice más que hola/chau), sino que encima hoy me entero que aparentemente está CASADO (si, leyeron bien, C-A-S-A-D-O).
Ahora, yo me pregunto unas cuantas cosas… Desde qué hizo con la alianza (porque en el dedo correspondiente no la lleva), hasta si histeriquea por deporte, o si es lisa y llanamente un completo imbécil (por ahora no descarto ninguna de las últimas dos). Supongo que develaré dichas incógnitas el día lunes cuando vuelva a trabajar…
Moraleja: Mujeres, confíen en su intuición. Si ustedes creen que algo (o alguien) NO VA, seguramente tienen razón.
Para hacer de una historia muy larga algo muy corto, digamos que hace como 1 año y medio que una amiga (que es a su vez compañera de trabajo) se pone como meta personal conseguirme novio. Y, desde hace un año, esta misma amiga está a pleno conque encontró “el” candidato para mí: según ella, uno de los flacos que trabaja con nosotras (a quien por el momento vamos a llamar “B”) me tira onda y “está re-histeriqueando” conmigo.
La realidad es que para mi el pibe ni me tiraba onda, ni me histeriqueaba, ni nada… Hablabamos un poco, pero nada del otro mundo. O sea, si realmente quería invitarme a salir, no había necesidad de vueltear cual calesita, ¿no? Me invitaba a tomar algo y listo, asunto terminado (o empezado, si es que todo iba bien). Si nunca demostró real interés, es porque no está interesado, punto. Tan simple como eso.
Hace unos dos meses la cosa deja de ser tan clara cuando B empieza a tirar señales de lo más contradictorias: durante 3 días ni me habla y de repente, de la mismísima nada, me regala un chocolate Milka. Me trata de “usted” nada más que porque sabe que me molesta, me gasta porque dice que soy una fashion victim (ja, ¡justo yo!), y después durante un mes otra vez no me dirige la palabra. Diagnóstico: Esquizofrénico total. Si hay algo que a mi me saca de quicio es no entender los patrones de conducta que sigue la gente, así que felicidades B, ganaste un pasaje directo a la faceta “ignorar”.
Todo venía muy tranquilo hasta que el mes pasado mi amiga vuelve al ataque: “B me preguntó si estabas de novia y estoy segura que en cualquier momento me pide tu número de teléfono” (nota al pie: estimado B, si querés saber algo de mi vida, ¿por qué no me lo preguntás directamente a mí?). Los días pasaron y mi amiga, una dulce total, justificó la inacción del pibe con un millón y medio de excusas: que no sabe como acercarse, que le debe dar vergüenza, que estamos en el lugar de trabajo… Y claro, yo me dejé convencer y me senté a esperar. Cuestión, que el flaco no sólo NUNCA me pidió nada (de hecho, creo que desde ese día no me dice más que hola/chau), sino que encima hoy me entero que aparentemente está CASADO (si, leyeron bien, C-A-S-A-D-O).
Ahora, yo me pregunto unas cuantas cosas… Desde qué hizo con la alianza (porque en el dedo correspondiente no la lleva), hasta si histeriquea por deporte, o si es lisa y llanamente un completo imbécil (por ahora no descarto ninguna de las últimas dos). Supongo que develaré dichas incógnitas el día lunes cuando vuelva a trabajar…
Moraleja: Mujeres, confíen en su intuición. Si ustedes creen que algo (o alguien) NO VA, seguramente tienen razón.
lo de la intuición femenina queda nuevamente comprobado!!!
ResponderBorrar